El Titánico


Antonio Martínez Miguélez (@romflao)

Entrevista a Marcos Nieto, presidente del Real Titánico, club fundado en 1912 en homenaje al famoso trasatlántico hundido al chocar con un iceberg.


Miguélez: ¿Real Titanic o Titánico?

Marcos Nieto: El nombre actual es Real Titánico. Después de la guerra el equipo volvió a competir pero el Gobierno de Franco ordenó castellanizarlo. Como anécdota del nombre te diré que hace unos dos años en una asamblea para presentar los actos del centenario del club, hubo alguna persona que quería que se votara para poder cambiar el nombre a Real Titánic, pero al final quedó en saco roto.


¿Cuando recibís el título de Real?

El título de Real se recibe en el año 1922. Fue concedido al club por Alfonso XIII, pero no pudo ser usado durante la República, entre 1931 y 1936. Para nosotros es un honor estar en el grupo de seis equipos asturianos con dicha distinción de Real.


Hace cuatro años se celebró el centenario del hundimiento del Titanic, hecho histórico sobre el que gira vuestro club.

La historia empezó a comienzos del siglo XX. Un joven al que llamaban Chepe, que conocía el fútbol al estudiar en Navarra, lo introduce a sus allegados cuando volvía a Pola de Laviana en vacaciones. En 1912, una de esas reuniones en el Llagar de Don Clemente tiene como consecuencia la creación de un equipo en la Pola, al que deciden ponerle el nombre del Titanic por el buque inglés que había naufragado meses antes. Fue un hecho que por entonces estaba teniendo mucha repercusión.


Belfast, Southampton, Halifax y Nueva York son los sitios clave en la historia del Titanic. ¿Cómo encaja Pola de Laviana?

¡¡¡Sólo hubiera faltado que el barco hubiere atracado aquí en Laviana!!!! Jajaja. Nosotros vamos ligados a lo deportivo y las otras ciudades al trayecto que hacía el barco, aunque la catástrofe sufrida puede ser comparable a diversos malos momentos que nos han ocurrido, con el riesgo de verdad de hundirse el Club.


He visto en vuestro muro de Facebook que el campo de Las Tolvas ha sufrido desperfectos. ¿Cómo se encuentra el recinto?

Durante dos semanas había venido un temporal de viento muy fuerte y como consecuencia de ello hemos tenido la caída del marcador y de diversos carteles publicitarios. En lo referente al marcador te diré que el temporal nos ha hecho un favor ya que estaba en muy mal estado y era peligroso subirse a él. En cuanto a los carteles no hay problema en volver a ponerlos. No ha sido muy grave la cosa y económicamente nada. También sin tener en cuenta el temporal se han cometido diversos robos en el bar del campo y en los vestuarios, pero esto ya te hablo de hace varios meses. Aquí hemos tenido gastos importantes para reforzar la seguridad al tener que poner nuevas puertas. De momento no ha pasado más desgracias y sigamos tocando madera.


Vuestro derbi, clásico o como queráis llamarlo... ¿Contra quién es?

Precisamente esta temporada tenemos partidos de rivalidad por la cercanía de los pueblos. Me refiero al Asturias de Blimea y Escuela de Iniciación San Martin. Volviendo a años atrás de época en Tercera División, los partidos de rivalidad eran contra el UP Langreo y el CD San Martin (este último desaparecido, ahora el equipo es la Escuela de Iniciación que te comento antes).


Un momento triste del club en lo deportivo.

Personalmente me quedo con el casi ascenso a Segunda B del año 2003. Un penúltimo partido contra el Majadahonda nos privó de luchar por ello, aunque seguramente el ascenso hubiera sido el entierro del Club por las dificultades económicas. Hace dos temporadas estuvimos a punto de subir a Preferente pero el final de Liga fue nefasto para nosotros, y el peor sin duda te diría los dos descensos consecutivos, de Tercera a Preferente y de Preferente a 1ª Regional, que es donde estamos ahora.


Uno alegre.

No te diría deportivo. Para mí el más alegre es que el equipo siga hacia adelante año tras año. Estamos hablando de un equipo con más de 100 años y el segundo más antiguo de Asturias por detrás del Sporting de Gijón, y por parte mía y de más gente que estamos ahí dentro no lo vamos a dejar de lado. Es un orgullo que un pueblo como Laviana de 15000 habitantes (te hablo de concejo) tenga un equipo con tanta historia.


No podemos dejarlo en el olvido.

La anterior temporada y sobre todo ésta, la gente del pueblo se ha vuelto a enganchar al equipo tras años de penurias. Te estoy hablando de que el Titánico llegó a tener la cifra ridícula de 130 socios por los casi 370 que tenemos ahora. Es una cifra más que positiva. Cuando jugamos en casa es de admirar la cantidad de gente que tenemos, rondando las 150/200 personas, y sobre todo la cantidad de niños que ahora ves jugar al balón al descanso. Hacía años que no pasaba eso. El equipo está integrado con gente joven y del pueblo y eso a la gente es lo que les gusta ver y de momento la idea está saliendo bien, ya que vamos terceros en lucha por la promoción de ascenso. Ojalá tengamos recompensa.


La segunda equipación es preciosa, tiene un aire parissaintgermanesco que invita a llevarla puesta al fin del mundo, ya sé que un club en vuestra categoría necesita patrocinadores, pero podía haber hecho las letras algo más pequeñas.

Estoy de acuerdo contigo en el tema de la publicidad. El tamaño de las letras es algo grande, pero hablando de ventas se está vendiendo mucho más ésta equipación que la primera que es la típica rojiblanca. Ésta temporada intentamos darle un giro a la equipación tanto una como otra. La primera volvimos a las rayas rojiblancas finas de toda la vida tras años con rayas muy anchas. La segunda no habíamos tenido un color muy diferente a la primera, tan sólo teníamos equipaciones de color blanco, y un azul claro, y optamos por hacer un cambio total, y hemos acertado ya que a la gente le ha llamado mucho la atención y les parece muy guapa. Tipo PSG como bien dices tú. La publicidad va ligada a diversos comercios de la zona que están aportando económicamente. Nos ha sorprendido la cantidad de personas que se han sumado a dicha idea, y esperemos que puedan seguir con nosotros.


No es por hacer la pelota, pero si me ofrecen a elegir entre un Manchester United- Bayern de Múnich en un palco de Old Tradfford y un Real Titánico-Deportiva Piloñesa en las Tolvas, apoyado en una barandilla con la cantina al lado, me quedo con el segundo partido. Y si hacéis migas, más todavía.

No sé si nos llamarán raros a ti y a mí, pero no lo cambio por nada el estar en Las Tolvas apoyado en la valla. Doy fe de que es el sitio en el que más se aglutina la gente en los partidos, ya que encima soy yo el que lleva la cantina jeje. Como anécdota te diré que en ese lado del campo es donde nuestro equipo suele atacar las segundas partes porque saben que es donde más gente se junta y más presión hay. No hay queja en cuanto a las ventas de bebida en el bar.


¿Cómo es una tarde de Domingo en Pola? Imagino que jugareis a las cinco, que tendréis la suerte de no estar bajo el yugo de las televisiones.

Los partidos suelen ser a las 5 sí, aunque la llegada del invierno nos vemos obligados a ponerlos más temprano ya que no tenemos iluminación. Los horarios son a partir de las 15.45 h. y se van estirando cada 2/3 semanas 15 minutos según se van alargando los días. Lo que no puede ser es que equipos como el Barça o Madrid jueguen a las 4 de la tarde. Eso perjudica a los equipos regionales bastante, luego no tenemos ni para poder pagar a los árbitros. Ya estamos pendientes de que no nos coincida ni Sporting ni Oviedo por ejemplo, que nos quita afluencia de gente, como para andar mirando los equipos grandes de Primera. Bastante se hace con salir a jugar cada fin de semana ¿no crees? 

Más información sobre el club en su cuenta de twitter y su muro de facebook:


Paco García: "Me gusta presionar arriba y ser protagonista"


Luis María Valero

Estoy escuchando la radio, y de sus tripas emergen de repente tres nombres como candidatos a próximo entrenador del Murcia. El primer nombre lo conozco sobradamente, sin conocerlo. El segundo nombre lo conozco sobradamente, conociéndolo. Pero el tercer nombre es el que más débilmente conozco y el que más me apetece conocer. No había hablado nunca con Paco García, pero en ese mismo momento, en cuanto el transistor pronuncia su nombre, me da un antojo, pido su número a un amigo, y me abalanzo. Comienzo a teclear: "Paco, me llamo (blablabla), no nos conocemos, pero me gustaría hablar de fútbol contigo en persona para cerrar la temporada de un blog raro que tengo". Tras enviar el (abrupto) mensaje, dejo el móvil en la mesilla, y me entra la duda: ¿me responderá este hombre con una negativa educada, o elegirá tal vez un educado silencio? Me río solo al pensar en su casi seguro fastidio. "Otro pesado más". Pero no. Misteriosamente, Francisco García Ibáñez (Murcia, 31-8-1972) quiere hablar de fútbol, incluso con un desconocido, y despliega en su respuesta una cortesía que es casi una caricia. Quizá sólo sea la humildad que ya trae de serie, o quizá sea la que ha aprendido en los banquillos del infrafútbol murciano, esos que ha dominado hasta hacerse una reputación desde el barro. Ese nombre suyo va sonando más y más, temporada tras temporada. Cada vez un poco más alejado del barro y más cercano a lo que más brilla. Este año ha hecho sexto a La Hoya Lorca con un presupuesto de 500.000 euros, contando con algunos jugadores que apenas percibían 400 euros al mes, y ahora, quién sabe cuál será su futuro. De pequeño se sentaba en las gradas de La Condomina con su abuelo. Quizás la próxima temporada pueda ver al Murcia un poco más abajo. Concretamente a ras de césped.


Paco, eres del barrio del Carmen y nacido en el año 72. Tu infancia y adolescencia coincidió con los mejores años del Murcia, la década de los ochenta. ¿Cómo recuerdas aquellos años?

Sí, la verdad es que lo recuerdo con mucho cariño. Yo era socio del Murcia, por mi abuelo, que era un grandísimo seguidor del club. Recuerdo ese paseo de todos los domingos desde mi casa hacia La Condomina, recuerdo la ilusión de ir a ver a aquellos grandes equipos que tuvimos en los 80 vestido con mi equipación del Murcia. Yo me sentaba en el mítico Sector A. Fue una etapa muy bonita.


¿No añoras el hambre de fútbol que había antes en la ciudad, sin tanta televisión ni tecnologías? ¿No crees que ahora todo es más frío?

Sí, pero creo que eso es una tendencia general de la sociedad. La tecnología ha entrado en el deporte, en los espectáculos, y en todas partes. Hoy en día hacemos muy rápido las cosas, tenemos de todo al instante, mientras que por aquel entonces no había tantas opciones: o ibas al fútbol o ibas a misa, prácticamente. Y entonces, los que no éramos muy religiosos íbamos al fútbol. Quizás antes había más pureza en el deporte. La información sobre fútbol era mucho más reducida, había más misterio. Era un fútbol más sencillo, más del pueblo, más de estar con la gente.


¿Ya soñabas de niño con jugar en el Murcia o entrenarlo? 

Sí. Cuando eres niño sueñas con ser futbolista. Mi único juguete era la pelota, es una pasión que he tenido desde siempre. Lo de ser entrenador aparece más tarde, aunque sí recuerdo algunas señales tempranas: a los 12-13 años jugaba al fútbol en mi barrio con los niños más grandes, pero ya me gustaba hacer equipos con los más pequeños, dirigirlos. Ya compaginaba el juego con la dirección, de alguna manera. Me llamaba la atención el llegar a tener esa capacidad de gestionar personas.


¿Qué tipo de jugador eras?

Yo era mediocentro.  Tenía una gran virtud y un gran defecto. El defecto: que técnicamente yo era un jugador flojito, pero la virtud es que era capaz, desde ese puesto, de entender el juego. Me preocupaba mucho comprender lo que estaba pasando a mi alrededor, quería equilibrar siempre el juego. Creo que esa capacidad de leer el partido es lo que me ha ayudado a la hora de ser entrenador.


Te vas a Granada a estudiar INEF, y allí conoces a Lucas Alcaraz. ¿Cómo recuerdas esa etapa?

Una vez que yo acabo COU, mi padre, igual que casi todos los padres de la época, quería que yo fuese ingeniero, abogado o médico. Cuando yo le digo a mi padre que quería ser licenciado en Educación Física, él se extraña muchísimo. Por un lado, él conocía mi gusto por el fútbol y en general por el deporte, pero realmente, en aquella época, los conocimientos sobre esa carrera eran mínimos. Creo recordar que sólo se podía estudiar INEF en cuatro universidades de toda España. Entraban entre 15 y 20 alumnos por cada promoción, pero intentaban ingresar unos 2.000 alumnos. Era muy difícil acceder, pero lo conseguí. Una vez dentro, tuve claro que toda mi formación debía ir encaminada al objetivo de llegar a ser un gran entrenador. Incluso dentro de la carrera, esa perspectiva chocaba un poco a la gente. Los profesores me preguntaban: tú quieres ser preparador físico, ¿no? Y yo respondía: no, yo quiero ser entrenador, pero también quiero conocer la ciencia que abarca este deporte. Entonces, a partir de ahí empecé a formarme y a dedicar muchas horas de estudio a la preparación física dentro del fútbol. En Segundo de Carrera tuve un profesor que me marcó, Luis Fradua, que ha trabajado para el Athletic o el Betis. Fue una persona que cambió mi idea de fútbol, él me abrió a una serie de conceptos que hoy en día siguen en mi cabeza. Él es quien me incorpora al fútbol base del Granada, y a partir de ahí empiezo a establecer relaciones con todo el entorno del club y también con Lucas Alcaraz. A él lo suben del filial al primer equipo, y ahí permanece cuatro años. Yo seguía estudiando y formándome, pero empiezo a colaborar con él, hasta que finalmente llegamos a trabajar juntos en el Recreativo de Huelva.


Hacéis un año buenísimo en aquel Recreativo 2000/2001, os quedáis a las puertas del ascenso, y tienes la oportunidad de quedarte como preparador físico en el Recreativo o incluso de irte a Primera División a algún otro equipo. Sin embargo, te la juegas a intentar ser entrenador desde abajo.

Sí, quizás es el momento más importante y la gran decisión de mi vida. En mi fuero interno, quería ser entrenador. En el día a día entendí, además, que la preparación física no es el factor que más prima en el fútbol, no es el factor que más influye en el rendimiento. Lo que importa es conocer el juego. Es un deporte totalmente cognitivo, de toma de decisiones, y a partir de ahí arranca lo demás. Me di cuenta de que si era preparador físico en Segunda e incluso en Primera División, porque llegué a tener ofertas importantes, difícilmente podría abandonar ya ese rol de preparador físico. Entonces hablo con Lucas y mi entorno y les digo que quiero entrenar. En ese momento nadie me entendió, me decían que estaba loco. Además, estamos en un mundo donde todo está muy encasillado: si tú eres preparador físico, eres eso y nada más, ya no puedes ser entrenador. Asumí el riesgo y decidí cumplir mi vocación de entrenar.


Mazarrón, Bala Azul, Mar Menor... ¿Te costó mucho ese cambio repentino de preparador físico en categorías altas a entrenador en la Tercera murciana?

La gente no se lo cree, pero yo me sentía en esos momentos el hombre más feliz del mundo. Estaba haciendo lo que me gustaba: me sentía entrenador. Empezaba mi sueño, y cuando uno empieza un sueño se siente totalmente pleno. En ningún momento he mirado atrás, en ningún momento me he preguntado qué habría pasado si hubiera seguido como preparador físico. Al contrario: he intentado trabajar al máximo y crecer como entrenador, poco a poco. Así hasta el día de hoy.


Sobre la experiencia como entrenador: ¿la toma de decisiones durante un partido es algo que se mejora con los años?

Totalmente. Darte cuenta de todo lo que está pasando en un partido, saber leerlo completamente, es la virtud que más he desarrollado desde que comencé a entrenar. Por mi base académica y formativa sí he tenido siempre una gran capacidad para elaborar todo lo que es la estructura del entrenamiento, los grandes ciclos de la preparación, pero el aspecto de conocer el juego y desentrañar todo lo que está pasando durante el partido es algo que va perfeccionándose al acumular partidos y partidos. Cuando alguna vez me han expulsado y un colaborador se ha puesto como entrenador, al final del partido me ha dicho: "Es que ahí abajo es muy difícil ver las cosas claras". Es una faceta apasionante, en la que he notado un salto cualitativo importante cada temporada.


Supongo que ser preparador físico y entrenador a la vez tiene ventajas.

Sí. No entiendo el juego separándolo o parcelándolo. Al final, un futbolista es un todo en el que se incluye la preparación física, la psicológica, la técnica, la táctica... No puedes separar. Uno de los motivos por los que me dediqué a entrenar fue ése: que entendí que el juego no se puede parcelar. No puedes decir: venga, mitad preparación física, mitad táctica... No, es un todo. Por eso intento que en los entrenamientos todo sea integrado. En mis entrenamientos siempre va a estar el balón presente, y trato sobre todo de dirigirme a lo que verdaderamente marca el rendimiento, que es la toma de decisiones.


¿Tienes algún entrenador de referencia?

Nunca lo he tenido, pero sí he visto y he profundizado en el conocimiento de muchos entrenadores. Durante mi etapa de formación en Granada me dediqué a estudiar a prácticamente todos los entrenadores de Primera. También vi al Milán de Sacchi, al Barcelona de Van Gaal... Pienso que de cada entrenador puedes aprender algo. He compartido muchas charlas con Caparrós, con Lucas Alcaraz, con entrenadores de élite, y fui capaz de sacar de todos ellos los detalles que me gustaban. Actualmente sí hay dos referentes muy claros, como son Mourinho y Guardiola, cada uno en su estilo. Desde un punto de vista metodológico, creo que los dos han marcado la diferencia con el resto.


De manera resumida: ¿Cómo juegan tus equipos?

Me gusta que mis equipos sean valientes, que presionen arriba y que sean protagonistas con el balón. Sobre todo esto último: que sean protagonistas, no sólo con balón, también sin él. El hecho de apretar arriba es porque queremos recuperar el balón rápidamente para, a partir de ahí, volver a ser protagonistas. Entiendo el fútbol e incluso la vida así: proponer, querer hacer cosas. Si yo no soy el protagonista, no estoy cómodo. Desde que empecé a entrenar, ésa ha sido mi idea.


¿Cómo se ponen las bases para ese juego?

Primero hay que definir los conceptos muy claramente, y después ser capaz de mantener esa definición. A mí, por ejemplo, me gusta tener la posesión del balón, pero esa posesión implica riesgos en la zona de inicio, implica que alguna vez va a haber pérdidas. Entonces, lo que no puedo hacer yo es, ante esa pérdida, mandar un mensaje negativo, o cargarme a ese jugador. No, no: yo quiero que arriesgue. Entonces, como quiero que arriesgue, lo primero que tengo que tocar es la confianza de ese jugador. Ya con confianza, hay que tener claro qué serie de movimientos en función del balón se van a producir en el juego. Y hay que trabajar esos movimientos, día tras día. Al final hay que crear una serie de mecanismos no mecánicos, como dice Mourinho. Es decir, el futbolista tiene que saber lo que va a pasar, pero a la vez es él quien decide lo que va a pasar. Yo le puedo plantear al futbolista cuatro o cinco opciones, y finalmente quien decide es él. No sólo es el movimiento lo que importa para jugar: importa el movimiento, importa la confianza, importa la valentía, la preparación física... pero todo en función de esa idea de juego que yo quiero.


¿Cómo se gana un entrenador al grupo?

El objetivo de liderar es el gran objetivo de un entrenador. Yo doy clase en el curso de entrenadores, y siempre les digo a los alumnos que todas las facetas de un entrenador son muy importantes, pero que como tú no seas capaz de enganchar al grupo y de liderarlo, difícilmente vas a conseguir tus retos. A partir de ahí, yo intento ser una persona muy directa, muy sencilla, muy clara. Intento jugar mucho con los valores y con las emociones. Es que al final, para llegar a los futbolistas hay que llegar a sus corazones. Tú puedes estar muy preparado técnicamente, hablar muy bien o conocer todos los conceptos, pero si no te diriges al corazón o incluso al alma del futbolista, difícilmente podrás llegarle. Es muy importante que los jugadores vean en ti esos valores. Yo intento ser el primero en hacer todo lo que transmito a mis futbolistas. Por ese camino, y siendo una persona recta en la que los jugadores no vean incoherencias, llegas a ellos.


Decías que de joven eras mediocentro. ¿No crees que es un puesto que tiene cada vez menos peso? En muchos equipos parece que está prohibido darle el balón al mediocentro.

Por desgracia, así es. Si lo analizas, el juego de Segunda B es, en un 80 por ciento, un juego directo, un juego de áreas, y en ese estilo el mediocentro pasa a ser básicamente un equilibrador de espacios, y un hombre muy centrado en recoger segundas jugadas. A mí no me gusta ese juego. Me gusta que el mediocentro venga a recibir, que tenga el balón. Este año, en muchos partidos hemos jugado con Alex Bernal y Poley, que son dos mediocentros totalmente ofensivos, muy lejanos a esa figura de la que se habla tanto: el mediocentro defensivo. Pero está claro que en Segunda B se suele apostar por otro formato. Al final, son distintos conceptos de fútbol.


Al jugador que dejas en el banquillo o no convocas, ¿es mejor explicarle los motivos o no hacerlo?

Depende un poco del futbolista. Tienes que conocer a la persona. Hay futbolistas que necesitan que hables con ellos un día y otro, que les expliques todo. Y hay otros jugadores que es mejor que ni les hables. No puedes actuar con todos los futbolistas de la misma forma. Eso es un gran error. Me gusta buscar la motivación a partir de un mensaje particular. Es que uno de los grandes retos de los entrenadores es tener enchufados a los que no juegan. Mi momento más difícil siempre es cuando tengo que hacer la convocatoria y dejar a jugadores sin vestir. He tenido la suerte de que, en el día a día del entrenamiento, por el tipo de trabajo que hacemos, todos mis jugadores están siempre muy motivados y metidos en la sesión. Entonces, porque son entrenamientos de alta intensidad, son pequeños detalles los que te hacen estar dentro o fuera de la lista de convocados.


Como entrenador del Imperial en la 2014/2015, tú recuperaste a Isi cuando estaba a punto de dejar el fútbol. ¿Cómo fue esa situación?

En mi último año en Tercera en el Mar Menor nos enfrentamos a él. Había oído hablar de Isi, pero nunca le había visto jugar, y la verdad es que me llamó mucho la atención: era un jugador entre líneas, explosivo, con gran pegada. Cuando llego al Imperial, hablo con su padre, y él me comenta que Isi estaba muy desmotivado con el fútbol, y que se estaba planteando dejarlo. Entonces lo llamé y hablé con él. Le dije que era muy joven para tomar esa decisión, que lo intentara un año más. También le dije que conmigo se iba a encontrar una forma de entrenar diferente, en la que íbamos a apostar por él. Isi aceptó el reto, y con mucho trabajo y mucha consciencia de lo que tenía que hacer en cada momento, fue creciendo y creciendo. En noviembre de ese 2014 hablo con José Manuel Aira y le digo: aquí en el filial hay un jugador que no tienes en el primer equipo. Finalmente Aira lo probó, y todos vimos el resultado.


Este año regresa Roberto Alarcón al Murcia, tras la cesión de una temporada en La Hoya donde has podido tenerlo a tu disposición. ¿Le ves preparado para consolidarse en el Murcia?

Si hablamos de la progresión de Isi, qué decir de la de Roberto. Es una progresión abismal. A mí Roberto me llega hace dos temporadas en el Imperial, y me dice que si por favor puede probar con nosotros, porque venía del Santa Pola, y el año anterior en el Murcia apenas había jugado nada. Entonces me informo de su currículum y veo que es un chaval que ha estado cinco años en el Barcelona, con lo cual me digo: este chico debe tener condiciones. Así que le probamos, y a partir de ahí, mi forma de jugar le viene a él como anillo al dedo. Es un futbolista de asociarse, de hacer muchas cosas con el balón. Su gran reto era jugar sin balón. Era un jugador que sufría en defensa, pero con trabajo y con sacrificio ha sido capaz de ir creciendo también en esa faceta. Ahora mismo hay muy pocos extremos en la categoría que aporten ofensiva y defensivamente como él. Es un jugador cien por cien válido. Aún tiene que crecer, porque es un chaval joven. Pero debe crecer jugando.


En los últimos años has clasificado siempre a tus equipos de Tercera para el playoff de ascenso, y esta temporada has dejado sexto a La Hoya, con un presupuesto muy bajo. ¿Cuál es la clave de esos éxitos consecutivos?

La formación es muy importante. Yo empecé a entrenar con 22 años, y ahora voy a cumplir 44. Son más de veinte años en los que no he dejado de formarme, en los que no he dejado de ver fútbol, en los que no he dejado de aprender. Y luego también he tenido la suerte de perfeccionar mi cuerpo técnico: he ido teniendo muy claro qué tipo de gente quiero a mi lado, qué perfil quiero. Y supongo que todo eso se transmite en el día a día, en el trabajo, en esa forma un poco diferente de entender el entrenamiento que yo tengo, como te decía antes: no creo en el entrenamiento parcelado, no creo en eso de trabajar sólo la preparación física o sólo la técnica. Intento que lo que nos encontramos el domingo en los partidos se vea también el lunes, el martes, el miércoles, en nuestras sesiones. Es un compendio de todos esos factores lo que ha hecho que hayamos sido capaces de conseguir resultados en los últimos años.


Se suele decir que el Murcia no ha tenido un plan en lo deportivo en casi toda su historia. ¿Tú tendrías un plan para el Murcia, a medio plazo? 

A ver. Es que la gente dice: el objetivo del  Murcia es subir. Pero el objetivo nunca puede ser ése. Subir es simplemente una consecuencia de hacer las cosas bien. Por ejemplo, mis jugadores me dicen muchas veces: "Míster, este domingo hay que ganar, eh, hay que ganar". Y yo les digo: no, no hay que ganar, sino que hay que hacer cosas para ganar. El objetivo es el proceso, hacer las cosas bien durante el proceso. Y eso es lo que tiene que elegir el Murcia. Yo lo digo siempre desde el cariño, y desde el máximo deseo que todos tenemos de ver crecer a este club. El Murcia tiene que buscar una idea, sea la que sea, y sobre esa idea, ser coherente. Si tú quieres fútbol de cantera, pues tendrás que potenciar la cantera, llevar allí a los mejores técnicos, proporcionarles las mejores instalaciones... Si tú quieres ser un club comprador, pues tendrás que traerte un equipo de scouting que vea todos los partidos de Tercera, de Segunda B y de Segunda, y además, tener un entrenador que potencie esa estructura. Sobre esa base se tiene que empezar. Mientras el Murcia no consiga eso, será una moneda al aire, y puede caer cara o puede caer cruz.


¿Sería un sueño para ti ser ese entrenador con continuidad que nunca hemos tenido, y llevar al Murcia de Segunda B a Primera?

Sería más que un sueño. A cualquier entrenador de la Región le propones eso, y no se lo piensa. Nunca he escondido mi cariño y mi sentimiento hacia ese escudo, pero al final es el Murcia el que tiene que decidir y buscar la mejor opción.


A todos nos gustaría que hubiera más murcianos y canteranos asentados en el primer equipo, pero a casi todos los entrenadores les cuesta confiar en gente de la casa, y no se tiene demasiada paciencia con ellos. ¿Cómo podemos llegar a un modelo que apueste de verdad por la cantera?

Se llega con una idea muy clara por parte del club, con un objetivo muy claro. ¿Qué pasa en el Athletic o en el Sporting? Que lo tienen clarísimo, y el resultado no guía su idea. Lo que guía la idea es el objetivo de sacar jugadores, y entienden que en ese modelo hay una serie de plazos que no se pueden acortar. Teniendo claro eso, y transmitiéndoselo al entrenador, al cuerpo técnico y a todos los miembros de la dirección deportiva del club, al final se consigue implantar esa idea. Yo siempre he dicho que los jugadores murcianos no son diferentes a los de Barcelona, de Madrid o de Cantabria. Son iguales. Aquí hay jugadores muy buenos, y lo están demostrando. Es toda esa gente que sale de Murcia para irse al Villarreal, al Madrid, al Barcelona... y responden. Pero podrían quedarse aquí. Es cuestión de darles confianza, de plantear un trabajo correcto con ellos, y al final seguro, pero seguro, que llegarían los resultados.


¿Estás de acuerdo en que se juega como se entrena?

Al cien por cien. El atleta de 100 metros que en un entrenamiento no baja de 10 segundos, tampoco lo conseguirá en la competición. Si tú no eres capaz de entrenar fuerte, de ser intenso, de trabajar concentrado y atento... Si tú no eres capaz de ejecutar el lunes o el martes todo eso que te demandan los partidos, difícilmente te llegará la inspiración divina el domingo. Y a eso tienes que sumarle que el domingo vas a jugar en un estadio con espectadores que te pueden animar, que te pueden pitar, que te puden gritar, y si tú no te preparas para eso de lunes a viernes, no vas a poder rendir.


¿Cómo llevas lo de compaginar el ser entrenador con la docencia de Educación Física en un instituto de Fuente Álamo?

La familia es la que peor lo lleva. Lo bueno es que me da una estabilidad económica importante, porque ahora mismo el fútbol está complejo económicamente. Pero también supone un desgaste muy alto. Mis días tienen 25 horas. Esta temporada, para realizar la preparación del trabajo y el visionado de vídeos, me he estado despertando a las 4:30-5 de la mañana. Pero no pasa nada. Cuando hay motivación, ilusión y ganas, todo es mucho más fácil.


¿Eres ambicioso? ¿Te ves como entrenador de Primera, e incluso ganando títulos?

Desde que era estudiante de la carrera se lo comentaba a mis compañeros: "Es que yo tengo que llegar a Primera". Esa era la meta de fondo, pero no me centré en eso, sino en formarme, en intentar ser el mejor entrenador posible. ¿Que aquí hay tal curso donde vienen los mejores a dar clase? Ahí estaba yo. Porque sí, claro, todo el mundo quiere llegar a Primera y ser el mejor, pero, ¿qué haces tú, qué expones para conseguirlo? A día de hoy sigo manteniendo esa ilusión y esa ambición, pero con la idea de que tengo que seguir mejorando, tengo que seguir formándome, para intentar algún día estar con los mejores.


¿Cómo has visto la temporada del Murcia? ¿Te ha sorprendido el bajón final?

Ha sido una temporada rara. Es difícil de entender lo que ha pasado en las últimas jornadas. Ese tipo de rachas son un compendio de muchos factores. La gente lo está achacando a la preparación física, pero no creo que sea eso. Ocurre una cosa: que jugar en el Murcia es muy difícil. Es un club que tiene una gran presión. Quizás ha calado en los jugadores el mensaje de que había que subir como fuera esta temporada, y eso les ha pesado. Cuando vas ganando, esa mochila se soporta. Pero cuando vas perdiendo, esa mochila empieza a coger piedras, y lo que antes te salía, de repente deja de salirte. Ha sido triste, pero debe servir para aprender y para mejorar.


Tengo muy fresca la gran imagen que dejó La Hoya esta temporada en Nueva Condomina. La primera parte fuisteis muy superiores, hasta que en la segunda mitad os quedasteis con diez y os remontamos el partido. ¿Cómo ha sido esta temporada en Lorca?

Hemos tenido partidos muy parecidos a ese de Murcia. Pero al final, el competir son más cosas. En cuanto a concepto y modelo de juego, creo que hemos hecho muy bien las cosas, pero al final hay más factores que deciden los partidos. Si algo he admirado de mis futbolistas este año es que han tenido la valentía de plasmar un juego que es difícil. Ellos mismos, al principio, no entendían esa forma de jugar en Segunda B, y la rehuían. Nos ha costado muchas charlas, mucho entrenar, para que realmente cogieran confianza. El orgullo que me queda este año es que un grupo que al principio no creía que esta forma de jugar fuera posible, ha sido capaz de ser valiente, de plasmarlo en partidos muy complicados, como en casa del Murcia, del Ucam o del Cádiz. 

Muerte mental en el Nuevo Parra


Real Murcia, 1; Toledo, 2
El colegio Parra de Murcia siempre ha sido el edificio de mi tierra que más miedo me ha dado, ha sido el número uno de lo arquitectónico-terrorífico para mí, a partir de aquella mañana de sábado en la que el equipo de futbito del Parra traumatizó todas las preadolescencias de mi equipo (Maristas) con su impecable asalto por la fuerza sobre la pista de aquel colegio-madriguera. Mis compañeros y yo fuimos allí con la inocente intención de jugar, pero ese verbo no nos dejaron conjugarlo; nosotros no jugamos, sino que fuimos jugados por niños-hombres sin escrúpulos que revolcaron nuestra niñez por el cemento. Yo realmente comencé el partido como niño y lo terminé como postniño, muchas lecciones de adultez aprendí por el camino, durante esos minutos en los que todo pareció dar vueltas entre alaridos, durante esos minutos en los que ese colegio, sus baldosas, sus paredes, sus humanos, su todo, se encaramó al número uno en mi ranking de lo arquitectónico-terrorífico. Ahí, en lo más alto, ha estado el Parra desde entonces. Hasta ahora.

Nueva Condomina, mi propio estadio, ha dado la sorpresa en ese ranking, se ha hecho con el liderato gracias a su regularidad precisamente en el terror. Las piedras de nuestro supuesto hogar deberían proteger, a priori, pero diez años de existencia bastan para concluir que las piedras de Nueva Condomina no sólo no protegen, sino que desprotegen. Son piedras que conspiran. Estaba yo haciendo la cola en la puerta 4, antes del partido, y ya escuchaba a mi estadio tramar contra su propio amo, como viene haciendo en los últimos años. Debería haber fraternidad con nuestro propio estadio, pero sólo hay cautela e incluso supercautela: sí, sí, eres mi hogar, pero no me fío de ti. 

Esa desconfianza que nace del desvarío se contagia de las piedras a los humanos, porque culpar a las piedras no es bastante: una vez afectados por el trastorno de la derrota, se termina trasladando responsabilidades también a los que nos han acompañado en esos partidos fatales de fin de temporada. Los días del Hércules, Córdoba o Toledo hemos mirado a nuestra izquierda, luego hemos mirado a nuestra derecha y hemos tomado nota de nuestros humanos contiguos, para sentenciarlos. "Nunca más sentarme junto a este individuo", nos hemos dicho, sospechando que ese humano tiene algo que ver en la sucesión de catastróficas desdichas. A esos los dejamos caer por la trampilla, de manera que abajo del todo no hay más que cadáveres apiñados: el humano que tuve a mi lado el día del Córdoba, el del día del Hércules, etcétera. Nueva Condomina es una reunión de hombres que accionan trampillas sin parar, de hombres que intentan averiguar el origen de la maldición, tanteando a ciegas. Esos hombres, en su investigación, terminan incluso sospechando de sí mismos. "¿Soy yo?", se dicen. "¿Mi equipo no gana por mí?". "¿Es porque yo no me lo merezco?". Primero miramos mal a otros humanos, pero luego nos miramos mal a nosotros mismos. Una cosa de locos.

Y sin embargo, el césped es todo. Desde la coherencia, ya apagado el trastorno, todo lo del césped asoma como lo único. El Murcia no va a subir a Segunda porque, en su primera eliminatoria, sufrió un Parra por parte de su rival: no jugó, sino que fue jugado por los de verde tanto en Toledo como en Murcia. Toda la eliminatoria ha sido un gigantesco niños contra postniños. Ya la primera media hora del partido de ida en Toledo insinuó la cruda realidad: ellos eran mejores, o al menos lo parecían, y además estaban mejor preparados y más ilusionados. El Murcia había ido desmoronándose en el final de Liga y ya era demasiado tarde para incorporarse, ya no podía cambiar de postura. Llegó a los partidos cruciales con una estocada que era aún más honda de lo que pensábamos.

En los dos partidos, el equipo abolió toda participación de los mediocentros en la construcción de juego, ninguno de ellos filtró un solo pase en condiciones, y puede que fuera algo deliberado. Se fiaron todas las opciones al balón largo (muchas veces buscando la cabeza de Isi) y a la segunda jugada, para deleite de los hombretones de verde. Si es que era ése el plan, se precisaba de un hambre mucho más voraz, de un despliegue físico y de personalidad que el Murcia no pudo ofrecer. Es eso: no es que nuestros jugadores no quisieran, es que no podían. El Toledo ni siquiera sufrió. Aparte del golazo de Isi desde fuera del área, apenas tuvimos una ocasión más en el partido, y transmitimos sensaciones de cadáver. Ya después del partido, un jugador de la plantilla me confirmó esas sensaciones al decirme que el equipo había llegado a final de temporada "muerto mentalmente", sin que él supiera explicar el porqué de esa defunción. Esta temporada 15/16 queda, por tanto, como la temporada en la que un equipo que parecía hecho de hormigón se terminó muriendo de mente. Yo sospecho que detrás de esas palabras tan borrosas (muerte mental) se esconde algo mucho más concreto, algo que no me atrevo a preguntar y casi que ya ni me interesa saber.

Los mejor parados, por supuesto, fueron los que no estuvieron sobre el césped, porque simplemente no les dejaron estar: me refiero a Aira y a Sergio García. Esos dos nombres han sido probablemente los que más hemos pronunciado en los domingos felices, cuando todavía llevábamos manga larga. El final amargo no puede provocar que todo caiga en saco roto: ahí quedan los temporadones de Sergio, de Fernando, de José Ruiz o del Chavero invernal. ¿Y ahora? Ahora el largo y cálido verano, sobre todo largo. Larguísimo. La decepción final nos deja más confusos y desorientados que indignados. De hecho, el final del partido no fue un final de furia y de acusaciones, sino un final silencioso, en el que estadio sintió piedad de sus propios jugadores, y trató de aceptar con resignación esta violenta decadencia que nos ha sobrevenido. A la salida del estadio, yo me preguntaba: a quién transfiero responsabilidades. ¿Al estadio Nuevo Parra? ¿A los humanos contiguos? ¿A la muerte mental de una plantilla de futbolistas? ¿Al Ucam? ¿Al destino? Estos días seguimos todos disparando a nuestros propios fantasmas, los fantasmas que escogemos.

Todo es debatible. Bueno, hay algunas cosas que no lo son. El Murcia debe unos 50 millones de euros, carece de patrimonio y su segundo máximo acreedor es un representante uruguayo llamado Paco Casal. Llevamos años siendo jugados, desde dentro, por tipos muy bien peinados que ahora dicen estar guiándonos a la salvación, tras ayudar a arruinarnos, y tras morder desde dentro (que cada cual imagine). Os conozco. Podéis agitar el fantasma del Ucam, y lo agitaremos con vosotros; podéis apelar al romanticismo de nuestro club, y nos tendréis allí. Pero habéis sido vosotros, desde dentro, el verdadero terror de este club. No las piedras, no el destino, no una plantilla humilde que ha rendido casi todo el año por encima de sus posibilidades; no, el terror habéis sido, sois vosotros. Aunque sigáis bien peinados, con bellos discursos y buenas voluntades. Si no vais a poner pasta o a traerla, piraos cuanto antes. Lleváis al Murcia sobre vuestras conciencias.

Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Jaume, Tomás Ruso, Pumar; Sergi Guilló (Isi, 40′), Chavero (Arturo, 55′), Germán, Rafa de Vicente; Carlos Álvarez y Fran Moreno (Azkorra, 46′).
Goles: 0-1 (Mikel, 45'), 1-1 (Isi, 69'), 1-2 (Adrián, 84').

Autorizados


Toledo, 0; Real Murcia, 0.
Si el Murcia gana el domingo al Toledo en casa, lo elimina. A pesar del mal partido de ida, el Murcia está autorizado a pasar de ronda, si es que marca un gol más que los de verde. Los directivos de la Federación no podrían hacer excepciones sin llamar exageradamente la atención, tendrían difícil cerrarnos el paso. Al contrario de lo que pudiera pensarse al observar la montaña de camisas rasgadas que se ha formado, el Murcia sigue empate con el Toledo. Una vez acabado el partido, hemos consultado de vez en cuando las páginas web habituales, pero esas páginas web nos dicen que el marcador final se empeña en ser 0-0. Ese resultado va a quedarse así hasta el domingo (en las páginas web), si bien el resultado es claramente un 1-0 en el subconsciente de Murcia. El marcador real es un 0-0, pero el psicológico es una derrota por 1-0, y también hasta el domingo se mantendrá inalterable (en el subconsciente de Murcia). Nuestra ciudad ha hecho subir el 1 al marcador del Toledo, es difícil saber por qué, e incluso hay muchos que ni siquiera irán al partido de vuelta porque creen que ese 1-0 es irremontable. Murcia está loca: se ha rasgado la camisa, ha adoptado posición fetal y finalmente ha otorgado ese gol inexistente al rival. Para ellos vamos perdiendo, sin haber perdido.

Hasta la expulsión de un humano de verde, a mí me sorprendió el Toledo, porque demostró ser bueno y valiente. Vino a por nosotros. Desde la (justa) expulsión del humano de verde, el que me sorprendió fue el Murcia, porque en vez de abalanzarse al oler la sangre, se antiabalanzó. "No huelo nada", vino a decir el Murcia. "¿Sangre? Dónde, dónde. No la huelo". Yo esperaba que el Murcia adelantara líneas, que la defensa conquistara nuevos metros. Esos metros conquistados, unidos a los que el Toledo habría terminado por ceder de manera natural, deberían haber bastado para, al menos, dominarlos, e incluso embotellarlos. Pero el Murcia no supo o no quiso conquistar esos metros; no supo o no quiso correr el riesgo. Siguió resguardado, fiándolo casi todo al balón largo y el juego por banda. Nada por dentro, prohibido llamar a la puerta principal; el Murcia sólo intentaba colarse por ventanas laterales, muy altas. Todavía no había transcurrido esa hora en superioridad numérica y ya estábamos echando de menos esa hora. Una nostalgia anticipada. El equipo pasó gran parte de esa hora regalando balones en largo desde la defensa, y regalando balones en corto desde muchos otros sitios. Malos controles, decisiones malas. Al menos, el Murcia supo sufrir y mantener el empate, que no es poco, teniendo en cuenta que las reservas de confianza estaban (¿están?) a cero.

El partido de Toledo ya no existe. El domingo es posible retocar lo que parece haberse deteriorado; también es posible nacer de nuevo, e incluso es posible jugar igual de mal pero ganar de córner. La confianza puede adquirirse por el camino, si es que mandamos a este buen Toledo de vacaciones. La autorización sigue vigente: a los de verde no les van a dejar jugar más, si es que anotamos un gol más que ellos. Pero para empezar a marcar ese gol, sería bueno que en la grada estuviéramos todos animalmente juntos. Me encanta esa expresión: "animalmente juntos".  Ayer asistí a una charla del sacerdote Javier Alonso Sandoica en la que dio en la diana de la verdadera misericordia: "No se trata de ayudar al otro y ya está, se trata de tener sed de ayudarle. No se trata de proponerse dedicar 30 minutos a estar con alguien que lo necesita, se trata de que te nazca de manera natural estar todo el tiempo que haga falta con esa persona". No se trata de vivir de impulsos de la voluntad ("el domingo tengo que animar al Murcia, porque lo necesita"), se trata de ser incapaz de reprimir ese impulso ("el domingo no soy capaz de no animar al Murcia, porque tengo sed de ello"). Entonces, si equipo y afición estamos animalmente juntos, todo será más fácil. Un gol más que los de verde. Un gol más.

Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Pumar, Tomás Ruso, Armando, Eneko Satrustegui (Rafa de Vicente, 32′), Isi (Fran Moreno, 68′), Chavero, Germán, Sergi Guilló y Sergio García (Carlos Álvarez, 51′).

¿Hasta dónde, Loco...?




Algeciras, 1; Real Murcia, 2.


Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Pumar, Eneko, Sergi Guilló, Jaume, Isi, Chavero, Germán (Carlos Álvarez, 72'), Rafa de Vicente (Fran Moreno, 61'), y Sergio García (Armando, 78').
Goles: 0-1 (Germán, 23'), 1-1 (Trujillo, 41'), 1-2 (Carlos Álvarez, 88').

Vuelve Acciari: el amigo de verdad


Alejandro Oliva (octubre 2012)

1. El equipo que perdona lo termina pagando y el gran problema de Acciari era que lo expulsaban mucho. Los tópicos, qué instalados están, los tíos. Los tópicos son un buen recurso para llenar esos huecos en los que no sabemos qué decir, pero no suelen aportar mucho: en el mejor de los casos una obviedad, cuando no una mentira. El equipo que perdona, a veces, lo termina pagando, pero lo normal es que marque después de perdonar. Y José Luis Acciari vio alguna tarjeta roja durante su carrera, vale, pero posiblemente sea uno de los jugadores del fútbol español que menos ha sido expulsado.

Antes de su regreso al Real Murcia, Acciari había sido expulsado menos que Guardiola, ojo. Nueve veces, como Pep, pero en 50 partidos más. En total, al término de su carrera, 12 veces en más de 400 partidos. Son muy pocas expulsiones. Y si a esos números sumamos la intensidad de sus acciones, las faltas que hacía por partido, las amarillas que recibía y la injusta fama que arrastró casi toda su carrera, si tenemos en cuenta su juego, entonces podemos decir no solo que a Acciari lo expulsaron poco, sino que lo expulsaron poquísimo, aun a riesgo de que nos tomen por locos. Como a él.

Lo de loco también tiene algo de falso mito, como sus expulsiones. Porque puede que el Loco Acciari sea uno de los futbolistas más sensatos que hayamos visto saltar a un campo: de intensidad calculada y carácter frío, consciente siempre de sus defectos, solidario pero sin perder jamás la posición, maestro del cuándo apretar y cuándo aflojar. Fue aquí en Murcia donde le pusimos loco al tipo más sensato de la clase, porque en Argentina era simplemente José.

Allí empezó a jugar en el equipo de su ciudad, Club Atlético San Miguel, el trueno verde, un equipo modesto de la provincia de Buenos Aires. El joven José era apenas un chaval con la camiseta del trueno, pero en alguna foto de juventud ya se advierte la mirada del Acciari de siempre. La mirada de la determinación. Fichó por Banfield y luego por Estudiantes, donde apenas jugó unos partidos en Primera. Pero quizá aquella experiencia le hizo aprender que no dejaría pasar otra oportunidad así. Como la que le llegó unos meses más tarde, tras jugar en Almagro, desde España, de un lugar del que no había oído hablar jamás. A veces la vida te ofrece un segundo hogar con 23 años recién cumplidos.


2. Acciari aterrizó en Murcia en un mal momento, un clásico mal momento del Real Murcia: en el mercado de invierno de una Navidad que vivimos en puestos de descenso a Segunda B tras perder en casa con el Burgos. Muchos han venido en esas circunstancias y pocos lo han contado con una sonrisa. Pero en su primer año, José Luis superó la ya instalada reticencia a lo argentino, mitad xenófoba, mitad rancia, y conquistó pronto un lugar en el equipo de David Vidal, en el que fue pieza clave para la salvación. 13 partidos, ninguna expulsión y un gol, el primero contra el Jaén en la última jornada de liga, en una victoria necesaria para evitar la Segunda B. Un gol decisivo, en casa, en La Condomina.

El Loco ya era héroe, y en las siguientes cuatro temporadas su identificación con el club fue absoluta. Acciari era el Real Murcia y el Real Murcia era Acciari. Cuatro temporadas en las que el argentino jugó casi todo, en Segunda y en el año de Primera, y con una implicación en el campo tan absoluta que ni siquiera el tan cercano traspaso al Deportivo de La Coruña, un grande entonces, afectó a su relación con la hinchada. El primero de esos cuatro años, además, coronado con el gol por el que pasaría de ídolo a mito. El gol de todos los goles en la reciente historia del murcianismo. El gol al Levante que nos devolvía a Primera División, 14 años después, cuando casi habíamos olvidado que se puede llorar de alegría. Fue el 1 de junio de 2003, y de nuevo en casa, en su casa, en La Condomina. Cómo olvidarlo.

Cuatro temporadas y media, más de 150 partidos, y unas cuantas expulsiones de las que apenas nos acordaríamos si no fuera porque acostumbramos a recordar, junto al día más feliz, el día más triste, acaso para equilibrar nuestro centro del campo vital. Y aquella última expulsión del Loco, aquel día triste del Loco, tenía que ser en un día triste para el murcianismo. Como si de un mismo ser se tratase, como si en el corazón murcianista latiera el ánimo de Acciari. Ese día fue el 3 de junio de 2006. Y fue en el mismo lugar donde había sido héroe apenas tres años antes. En La Condomina, dónde si no. En La Condomina vieja, en La Condomina de siempre.


3. Pero aquel día La Condomina no era su casa. Se enfrentaban el Ciudad de Murcia, como local, y el Real Murcia. No era el primer derbi murciano, pero éste reunía por fin todos los alicientes de un partido de rivalidad. El Ciudad de Abel Resino llegaba lanzado, rozando la gloria de un histórico ascenso a Primera, a cuatro puntos de un Levante que tenía por delante un calendario más complicado. A falta de tres partidos, solo le valía la victoria para aspirar al ascenso. El Murcia de Kresic, por su parte, estaba en la zona baja, aunque también llegaba fuerte. Había ganado sus cuatro últimos partidos en casa y casi asegurado la permanencia, aunque necesitaba un punto para certificarla.

Parecía que se enfrentaban dos murcias, pero en realidad eran tres. Porque si a un lado estaba el viejo Real Murcia, el de toda la vida, con la hinchada que había mantenido su fidelidad en la nefasta década de los 90, y al otro el nuevo Ciudad, con su legítima y joven afición, que apostaba por un escudo diferente, quizá por unos valores diferentes y sin ningún apego a la tormentosa historia grana, también existía una tercera vía: la de los aficionados a los dos equipos. Una parte de los fieles del Real se había abonado al Ciudad (“para tener fútbol todos los domingos”), atrapados por abonos baratos o gratis, por el traslado del equipo a La Condomina y, sobre todo, por la trayectoria deportiva exitosa del equipo de Pina.

La confusión se respiraba en la ciudad. La semana previa fue extraña. Ese año el Real Murcia había perdido la primacía deportiva, y podía incluso perderla más, quién sabe si para siempre, si el Ciudad de Murcia se situaba una categoría por encima, en Primera, con perspectivas de consolidarse como el equipo de la tierra. Muchos murcianos, incluso ‘murcianistas’, reconocían sin tapujos que deseaban la victoria del Ciudad. Políticos, empresarios, periodistas: todos se pronunciaban. Un equipo en Primera, sea cual sea su escudo, siempre sería bueno para Murcia. Mientras, el murcianismo miraba de reojo.

Era un día gris, o al menos así lo recordamos, y mucha gente prefirió quedarse en casa: poco más de 5.000 personas había en las gradas. Quizá algunos no querían ver lo que iba a pasar. Y ya desde las primeras jugadas se palpó que el Real Murcia, esta vez sí, era forastero en La Condomina: el apoyo le llegaba de poco más de 500 incondicionales que animaban desde el Fondo Sur. El resto del campo parecía vivir entre el sueño ciudadino de Primera División y la indiferencia de sentirse tanto de un equipo como del otro.

El partido sí estuvo a la altura de un derbi. Intenso desde el primer balón, igualado, conscientes los locales de lo que había en juego y con la sensación de que el Real Murcia, además de necesitar un punto, quería sobre todo impedir el ascenso rojinegro. Tato, el jugador más en forma de los de Kresic, fue expulsado y el Real Murcia afrontaba más de una hora de partido con 10. Pero aun así dio la cara y tuvo más ocasiones que un Ciudad nervioso. Pudo marcar Acciari (otro gol decisivo en La Condomina) e Iván Alonso remató al larguero en el tramo final. Fue un duelo tenso, duro, enrabietado, que parecía destinado al 0-0. Pero el equipo que perdona, a veces, lo termina pagando. 
Un córner en el minuto 93 agitó la historia del fútbol en Murcia. El gol de Falcón abría la puerta del ascenso al Ciudad y la tribuna de La Condomina estallaba de alegría. En el campo se disparaba la crispación acumulada y jugadores de uno y otro equipo se encaraban entre empujones, insultos y algo más. Había nacido un derbi, y en esa bronca, claro, el carácter incontenible de Acciari sí que desató al Loco, que fue expulsado, entre la euforia de la mayoría condominera, poco antes del final.

El futbolista abandonó el campo pitado e insultado por muchos de los que, tan solo tres años antes, lo habían idolatrado. Ahora le recriminaban exactamente los mismos valores que antes habían celebrado. El camino hacia el túnel de vestuarios fue un calvario para Acciari, que, con ese carácter único forjado con la camiseta del trueno verde devolvía airadamente con gestos e insultos todo lo que recibía de la grada, sin terminar de comprender cómo los murcianos celebraban una derrota del Real Murcia en La Condomina.


4. Al día siguiente las crónicas establecían la ruptura de las aficiones, el nuevo orden. Se hablaba de día histórico para el fútbol murciano, del nacimiento de una rivalidad. La absurda compatibilidad entre los dos equipos había muerto. “No se pueden tener dos amores a la vez”, concluía Pedro Contreras en ‘As’. Otros medios azotaban a Acciari por su actitud, sin comprender, o sin querer comprender, que el argentino simplemente había hecho lo que siempre había hecho, que eran otros los que habían cambiado de bando. ‘Al Real Murcia aún le queda la historia’, titulaba un artículo exultante con los éxitos del Ciudad, que sentenciaba el futuro del club grana a un papel secundario, o a la desaparición.

Unos días más tarde el Ciudad se estrellaba en Albacete y era el Levante el que finalmente ascendía en la última jornada. Y al año siguiente el Real Murcia recuperaba la hegemonía con el ascenso en Ponferrada, lo que terminó por hundir el sueño del Ciudad, finalmente traicionado y vendido por su dueño, aunque el sentimiento, siempre vivo entre sus aficionados más fieles, engendró otro equipo, otros sueños. 

Pero al día siguiente del derbi también supimos que, además, Acciari había jugado con el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda roto desde el minuto 5. Tuvo que ser operado, y se sospechó que no volvería a ser el de siempre después de aquel derbi dramático. Se perdió casi toda la temporada siguiente, aunque Lucas Alcaraz tuviera el gesto de hacerlo reaparecer en El Toralín, nueve meses después para que viviera en el campo otro mágico ascenso a Primera, aunque solo fuera un minuto de aquella tarde de mayo.

Se marchó cedido a Córdoba para recuperar su rodilla, y vaya si la recuperó. Javier Clemente no lo quiso en Murcia, pero fue cerca de casa, en el centro del campo del Elche, donde, sin perder la posición, el loco más sensato volvió a impartir su lección, de intensidad calculada y carácter frío, de saber cuándo apretar y cuándo aflojar. Su lección de fútbol. Dejó al Elche, que llevaba más de 20 años fuera de Primera División, a tan solo un gol del ascenso. Y en casi cuatro años allí, incluidos unos partidos en el Girona la última temporada, solo tres expulsiones. Tantas como en sus tres últimos años como profesional, donde volvió a defender la grana, su camiseta, incluso en la puerta de la Liga de Fútbol Profesional, una vez más rebelde ante la injusticia.

Y esa será otra imagen que recordaremos para siempre, Loco. Como las celebraciones de tus goles en el año del destierro, hecho un chaval a los 36, disfrutando del fútbol, de tu fútbol, con esa sonrisa que siempre nos conquistó. Fueron tantas las cosas buenas, que hemos olvidado ese puñado de expulsiones, que nunca fueron un gran problema, porque apenas te expulsaron. Pero déjanos recordar para siempre aquella, la más triste, la de tu salida del campo en el que hiciste feliz a tanta gente. Déjanos recordar quién estuvo ahí, como el amigo de verdad, cuando más falta hacía, el día en el que Murcia no estuvo con el Real Murcia y el Loco Acciari, el loco más sensato, fue incapaz de aceptar esa locura.