Hija de tu padre


Diez asientos vacíos a su alrededor y en todas las direcciones, para fortificarse. Por su camino nadie iba, Victoria, pero de repente vas tú.

Ahora, la escuela de una filosofía, las bases de un desarrollo. Alguien va a poner diez asientos vacíos entre tú y el mundo siempre que lo necesites.

Eres hija de tu padre.


De futbolistas y centrales

[Pie de foto: "No os compliquéis la vida y pasársela a Molinos"]

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 2; Villanovense, 0.
Si el fútbol es la hostia, ser futbolista tiene que ser ya el copón. Creo que sólo me he sentido futbolista un día de mi vida: el día en el que jugué un partido de fútbol a las órdenes de Rafa Marañón, una leyenda. Fue en La Coruña, unas horas antes de que se casara su hijo, en una mañana estupenda de principios de septiembre. Un buen día. Podía parecer la clásica pachanga previa a una boda, pero no, no, era una cosa seria: en la ciudad deportiva del Dépor, con césped en impecables condiciones, once contra once, dimensiones de Riazor, equipaciones completas y árbitro. Y con Marañón de entrenador de nuestro equipo. En su charla, que no duraría mucho más de cinco minutos, aprendí más que en 20 años de abonado a Canal Plus. Nos distribuyó sobre el campo con un riguroso 4-2-3-1 y en tres o cuatro consignas sencillas nos dio las claves para intentar ganar el partido. Porque había que ganarlo, claro. A mí me tocó compartir el centro de la defensa con mi amigo Antonio Pacheco, un genio, con el que había mantenido varias animadas tertulias sobre el fútbol de los 80 y los 90, nuestro fútbol; tertulias que siempre terminaban hablando, curiosamente, del oficio de central, de aquellos Migueli, Benito, Arteche, Górriz o nuestro SuperJuanjo, y de sus herederos ‘modernos’ más dignos, como Javi Navarro o Téllez; de ese tipo de futbolista que sonríe cuando escucha eso de ‘salida limpia de balón’, ese tipo de jugador que quizá no domine el espacio-tiempo, como dice Xavi Hernández, pero que domina todo lo demás. Suelen ser futbolistas que caminan por una delgada línea que te puede llevar de la Segunda B a la selección española sin motivos muy claros. Cosas del fútbol. Existe esa raza especial, la de central, que poco tiene que ver con la de futbolista. Un central de ley debe ser un atleta, ágil, fuerte, potente más que rápido; debe ser contundente y seguro; y, sobre todo, su valor sagrado, concluíamos Pacheco y yo, debe ser la determinación. Un central salta, va al suelo, despeja, golpea al rival, o lo que sea. Pero no duda jamás. Teorizamos en varias tertulias sobre la existencia de esa casta de centrales, con ese conjunto de cualidades que, por supuesto, no teníamos ni Pacheco ni yo. La vida nos hacía aquella mañana un guiño peligroso, un reto jodido. “Venga, teóricos, a ver cómo cojones lo hacéis ahora”. Y el caso es que cumplimos, pero gracias a las consignas de Marañón, sobre todo a aquella que nos dirigió directamente a nosotros: “No os compliquéis la vida nunca y pasársela a Molinos”. Molinos era Fernando Molinos, otra leyenda, más de 300 partidos en Primera División, nuestro mediocentro aquella mañana, que con casi 60 tacos no dejó pasar apenas un balón en aquel campico de Abegondo. Oliva-Pacheco (2): apenas tuvieron trabajo y no se complicaron la vida, cantaban las crónicas durante el aperitivo. Y ganamos, ganamos bien, pero esa es otra historia. De aquella mañana estupenda de septiembre en La Coruña no me queda la victoria, sino la sensación de haber sido futbolista por un día.

Llegaba el Villanovense a Nueva Condomina, donde el Murcia no había marcado en sus tres últimos partidos, números que podían poner nervioso incluso al hincha más tranquilo. Pero no a José María Salmerón, que a pesar de esas dudas ofensivas y de haber encajado sólo un gol en los siete últimos partidos en casa siempre tuvo claras sus preferencias en invierno: quería centrales. ¿Cómo que centrales, José María? Sí, sí, centrales. ¿No prefieres un nueve? Primero, centrales. ¿No quieres el soñado organizador, Salmerón? Quita, quita, hombre. ¿No quieres dos o tres puñales que destrocen defensas? No, qué va, quiero un central. ¿Defensas, José Mari? No, no quiero defensas, ojo. Quiero centrales. Y no quería un central, no. Salmerón fue al mercado de invierno como el que, antes de hacer un arroz, va a la carnicería y dice “mire, no me va a poner un conejo, me va a poner dos conejos”. Y ahí están Molo y Dean. Dos centrales. Porque, en efecto, el Murcia tenía tres o cuatro jugadores que pueden jugar de central, e incluso lo hacían bien de central, o muy bien, como Orfila. El Murcia defendía bien, tenía buena defensa. Pero nos faltaba un central de oficio. Nos faltaba uno de esa raza especial, que poco tiene que ver con la de futbolista. Es algo más allá del fútbol. Nos faltaba un tipo de esos que sabe cambiar la rueda del coche, que se pide la primera copa en cualquier sarao, sin vacilar. La primera y la última. Molo y Dean son ágiles, fuertes, potentes más que rápidos, contundentes, con determinación. Acaban de llegar y ya celebran los goles con más rabia que nadie. Saltan, van al suelo, despejan todo, golpean al rival, o lo que sea. Antes no nos metían goles pero ahora vivimos más tranquilos con esos tipos ahí atrás. Contra el Villanovense volvieron a brillar Armando y Juanma, y Carlos Martínez deslumbró otra vez, y Chrisantus continuó ilusionando. Contra el Villanovense marcaron los dos laterales, impecables, además. Pero yo salí del campo feliz porque ahora tenemos dos centrales de oficio. Y me acordé de las tertulias con mi amigo Pacheco y de aquel buen día en La Coruña, de aquella mañana estupenda de principios de septiembre. Me acordé de Rafa Marañón y del único día en el que me he sentido futbolista. O no. Ahora que lo pienso, lo que me sentí fue central. Desde entonces, intento hacerle caso al míster y complicarme menos la vida, en general. Y lamento en mi día a día, no sabes cómo, no tener siempre por delante a un Molinos al que poder pasarle el balón.

Real Murcia: Biel Ribas; Orfila, Molo, Dean, Forniés; Juanma, Armando; Carlos Martínez, Jordan (Carnicer), Elady (Chrisantus); Pedro Martín (Santi Jara).
Goles: 1-0, Orfila (25'). 2-0, Forniés (85').






Con Chrisantus al Bar Rosi


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Ucam, 1; Real Murcia, 1
Ya se murió el estadio, pero nos queda el territorio. Volvimos a la Murcia especialmente erosionada por los meados de los perros, la Murcia que une en armonía el Bronx con Occidente, nuestra Murcia, ésa cuya ubicación concuerda exactamente con nuestro espíritu, porque ser del Murcia es dudar siempre y en todo momento si eres un señor del centro o un gitano de La Fama. Unos atacaron por el frente, emboscándose tras cada arbolillo de Obispo Frutos; otros se acercaron de puntillas por la retaguardia, tras reencontrarse con el Bar Rosi al otro lado de la frontera, pero al final llegamos todos al rincón de la ciudad que preside nuestras infancias: el estadio fallecido, el ya muy muerto, el arrancado de la tumba y pintarrajeado de azul por cuatro gatos con dinero. La cosa esa donde se jugó el partido el domingo yo no sé lo que es, yo sé lo que hubo un día en ese solar, el así llamado Estadio La Condomina, hogar del Real Murcia, esa obra de arte de la construcción caótica, adaptada de antemano a su caótico propietario; el estadio asimétrico con gradas de distintos siglos; su viejo amigo el marcador disléxico; las verjas de campo de concentración, escaladas siempre por los más ambiciosos, aquellos que mejor ángulo querían para escupir al linier. Todo eso existió, yo lo vi.

Ahora no queda nada más que un hedor a muerte, hay lápidas por todas partes, hay violines tristes y unos cuantos humanos de azul y amarillo con cara de haber estado a punto de irse a pasar el día a Sierra Espuña, con cara de reprocharse siempre el no haber elegido otro esquema de domingo, el Mar Menor, la casa de los suegros, cualquier otra opción igual de gratuita, al fin y al cabo se trata de pasar el domingo hasta que juegue el Madrid. Lógicamente, el descenso a Segunda B ha catapultado a Sierra Espuña y al Mar Menor a la mayoría de ellos, espantados de lo que siempre les aterró del Murcia: la derrota. Pero aún quedan unos pocos, la mayoría trabajadores o dependientes de la Ucam en algún sentido económico-laboral, y esos sí comparecieron el domingo en el Estadio de La Muerte, aunque eran pocos e incluso poquísimos, allí sólo se veía a los de colorado, los que sólo van a Sierra Espuña en días que no son domingo, los propietarios vitalicios de la frontera entre Santa Eulalia y La Fama. De camino a La Muerte girabas por una calle y te encontrabas contigo mismo de niño; luego en otro rincón estabas ya más crecido, con tu pandilla, merodeando el Romero. Sentías el peso de todo lo vivido, sentías que esos metros serán siempre tus metros, que esas baldosas, las más meadas o al menos las más intensamente meadas de la ciudad, serán siempre tus baldosas. Nada sabrá nunca Macauley Chrisantus sobre esas raíces nuestras, sobre las incursiones desde el Bar Rosi, sobre la marabunta que desembocaba desde Obispo Frutos. Macauley se limitó a marcarle a los sierraespuños en el minuto 90, tras una jugada de Forniés que le obliga a plantearse esta semana qué carajo hace él en Segunda B. Macauley no sabe nada, Macauley sólo nos hizo felices ya cerca de las dos de la tarde de un domingo de febrero. Cuando acompañé al Morata hasta su coche, más allá de la frontera, pude divisar a algunos colorados ocupando mesas del Bar Rosi. Ya habría tiempo de vaciar los pulmones de lo dejado atrás y llenarlos de algo nuevo, ya habría tiempo de volver a pisar baldosas limpias: todavía necesitábamos aferrarnos al territorio.

Real Murcia: Biel Ribas, Orfila, Forniés, Charlie, Molo (Renato, 85'), David Mateos, Elady, Armando, Pedro Martín (Chrisantus, 67'), Juanma (David Sánchez, 76'), Carlos Martínez.
Goles: 1-0 (Uno, 81'). 1-1 (Chrisantus, 90').

El misterioso encanto del veterano


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Real Murcia, 0; Melilla, 1.
David Sánchez es mejor jugador que Juanma a día de hoy, ¿no? Igual que para Campos era mejor Óscar Sánchez que Escudero, al que conocía bien del Imperial y al que hizo conocer bien el banquillo y la grada. Igual que para Lucas Alcaraz tenía más futuro Gallardo que Pedro León. Igual que José González no vio lo suficientemente preparado a Trigueros para subirlo del filial y hacerle debutar siquiera en el primer equipo. Nadie en este club cogió a Trigueros, lo miró a la cara y le dijo: "Socio, tú vas a ser futbolista, y lo vas a ser aquí". Para eso hace falta talento y huevos. También un cierto deseo de aportar valor añadido al club para el que trabajas, más allá del cortoplacismo. No diré entrenadores mediocres, no diré entrenadores cagalástimas ni entrenadores del montón, pero sí, al menos, diré decisiones mediocres, decisiones del montón y decisiones cagonas. Decisiones carísimas, de esas por las que un club humilde paga el precio más alto: que hayas cultivado un diamante durante años y que, llegado el momento de la verdad, los aburras, se larguen y terminen disfrutándolos otros por cuatro duros, cuando los hay. "Cómo les gustan los veteranos a algunos entrenadores...", se mofaba David Vidal. Ante la duda, el veterano. De hecho, un joven que destaca suele suponer un problema. Yo he visto a un muy buen entrenador como Aira apostar por un Joseba Garmendia de 30 años y siete rodillas rotas antes que por Arturo. Un crío, su potencial, en lo que pueda llegar a convertirse e incluso la pasta que puede llegar a dejar no es problema de ellos. Yo ya sé lo que me da el veterano, se dicen, o lo que se supone que me va a dar. Así que dame veteranos.

Juanma y Armando manejaron el centro del campo en El Ejido, donde se ganó bien y apenas se concedieron ocasiones, pero en Nueva Condomina fue Salmerón y los quitó a los dos para plantar a David Mateos y David Sánchez, que son más altos y más mayores. Misterios. La teoría que más escalofríos me produce, incluso más que la de amarrarse a los veteranos, es que Salmerón haya cambiado el centro del campo por el Melilla, para adaptarse al centro del campo del Melilla, que se ve que es un centro del campo que ya van recitando de memoria los niños del Grupo IV. Si ése ha sido el motivo, se me clava en el alma. El Murcia, en casa, en Segunda B, no tiene que adaptarse ni a su puta madre. Viniendo de una victoria en un campo difícil como El Ejido, viniendo de jugar bien, ¿vas y cambias por completo para adaptarte a no sé que nuevo Ruud Gullit que parece que juega en el Melilla? Venga ya. Que se adapten ellos si quieren. El resultado del acople fue que la primera parte no existió. En la segunda, tras un arreón inicial del Murcia que debió ser coronado con un clarísimo penalti por manos, llegó el gol de córner del Melilla, que es como procede que te gane el Melilla. Fue después de que todo el mundo se olvidara del neoGullit después del rechace, y cuando digo todo el mundo me refiero concretamente a un veterano. Porque los veteranos también cometen fallos gravísimos, ojo, lo que pasa es que a ellos tendemos a perdonarles, igual que a un canterano no le perdonamos nada. Si un canterano del Murcia hubiera enlazado la racha de penaltis absurdos que se marcó Alex Ortiz recientemente, o se vuelve al filial o se va directamente con la baja al Torre-Pacheco. Después del gol, el Murcia se recompuso y creó ocasiones, pero las porterías de Nueva Condomina no son nuestras amigas. Nunca lo han sido. Y todo eso lo vieron desde el banquillo Juanma y Armando, nuestro centro del campo en El Ejido, o bien víctimas del misterioso encanto del veterano o bien víctimas de un mecanismo de acople al centro del campo del Melilla. 

Cada cierto tiempo siempre aparece algún trajes del Murcia diciendo que la cantera va a empezar a ser prioritaria, casi por primera vez en nuestra historia, y que es hora de cuidarla. El principal mérito es que se dice la frase, que hay humanos que mueven los labios y de ellos brotan palabras, nada más. De momento ya se nos ha ido al (puto) Almería el que era señalado como uno de nuestros mejores críos del filial, igual que se irán más si es que comprueban que, además de no tener instalaciones dignas, cuando llaman a las puertas del primer equipo se les abre sólo un poco, sólo lo suficiente para que alguien asome la cabeza y diga: ocupado, es que está aquí un mozo de 35 años cerrándote el paso. Ya he visto esta historia otras veces, y esa experiencia me dice que valoraremos a Juanma cuando lo veamos por la tele con otra camiseta, bien plantado, guapo, y entonces nos miraremos y nos encogeremos de hombros preguntándonos qué falló, cómo pudo sucedernos otra vez. La paradoja, en este caso, es que la apuesta por este jugadorazo ni siquiera promete ser rentable en el futuro, sino que lo es ya. Hoy mismo. Y sin embargo, ahí sigue Vidal, con su sonrisa burlona, meneando la cabeza ante algo que ha visto ya tantas veces y que nunca cambiará. Cómo les gustan los veteranos, cómo tranquiliza verlos calentar antes del partido, padres ya de familia, una hipoteca seria a sus espaldas. Trece rodillas rotas traía Garmendia. Pero cómo les gustan. 

Real Murcia: Biel Ribas; Juanra (Fede Vega, 68'), Molo, Orfila, Forniés; David Mateos, David Sánchez (Chamorro, 59'), Carnicer (Renato, 74'), Carlos; Elady y Pedro Martín.
Goles: 0-1 (55', Ruud Gullit)

Cagarse en la puta


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Real  Murcia, 0; Recreativo, 0.
Los últimos cuatro partidos del Murcia en casa han terminado 1-0, 1-0, 0-0 y 0-0 con un promedio de 1,2 ocasiones claras de gol, y este balance es muy hermoso si pensamos en el origen, de dónde venimos, pero es menos hermoso si pensamos en el destino, a dónde queremos llegar. Dado que  somos el Murcia y no sabemos no aspirar a ser primeros en esta categoría, un empate a cero en casa nos duele siempre. Aunque no todos los 0-0 son iguales; hay algunos que no te arrancan ni una sola palabra, hay algunos que te arrancan palabras amables o al menos una resignación bien llevada, pero hay una última categoría de ceroceros en los que sólo procede cagarse bastante en la puta, reencontrarse con esa expresión que es ya vieja amiga. Y éste fue uno de esos ceroceros.

En un momento indeterminado de tu infancia va tu padre y se caga en la puta. Estaría yo en algún punto del tramo entre los 7 y los 10 años, todavía golosinas de los Simpsons en la cantina de Maristas, y de repente La Autoridad giró el pomo de no se sabe qué puerta e inauguró un nuevo salón en mi galería de los insultos. Intuí pronto que aquella galería la frecuentaría mucho en adelante; de la potencia de esa frase fui enseguida consciente. De hecho, en cuanto escuché esa frase, la cogí, salí corriendo y se la enseñé a mi por entonces mejor amigo y hoy absoluto desconocido, para informarle de que mi padre se había cagado en la puta, y para sondear sus impresiones al respecto. El hoy desconocido se echó a reír, me expresó su fascinación pero a la vez su incomprensión, no entendía qué podía significar aquello, igual que yo tampoco lo comprendía entonces ni lo comprendo ahora, no es una frase a la que exigir demasiadas explicaciones ni un significado preciso, precisamente por eso funciona, porque es vaporosa y se mueve en el misterio. Te cagas en la puta y sigues tu camino. No te cagas en la puta madre de nadie, tampoco en su estampa ni en su calavera, juegas a la omisión. Te faltan palabras para llegar a esos terrenos, frenas antes. Sólo te cagas en la puta, eso te basta.

Me sigo cagando en la puta. Yo sé que está de moda el buenrollismo, el ponerse la venda y el llamar jugadorazos a futbolistas que cumplen y poco más. En el traslado de La Condomina a La Nueva se nos quedó un listón olvidado en algún cajón, pienso. Y sí, hoy la afición es mucho mejor que la de entonces, más sana, pero también más inocente, hasta llegar a ser a veces inocentona. Dado que eso es lo que está de moda y es lo que más se lee últimamente en relación al Murcia, no me siento culpable por cagarme un poco en la puta y salirme de ese tono habitual. Son necesarios los contrastes. Me encantó Forniés, que lleva unas cuantas jornadas a nivel de lateral sobrado para Segunda División. A partir de ahí, muchos mecagoenlaputa, o al menos bufidos guturales. Bufido cuando, con el tiempo esfumándose, un jugador del Murcia (Carnicer) fue capaz de quedarse tendido dos veces en cinco minutos y dio lugar a que entrasen las asistencias, que es algo que en esa situación de partido sólo tiene que ocurrir si te estás muriendo. Bufido también para lo de David Sánchez, porque es uno de los jugadores con más clase de esta categoría pero no puede llevar nuestro centro del campo. No puede ya. Y un bufido muy especial para la anarquía de Santi Jara, capaz de jugarse un tacón a media vuelta de espaldas, en su propio campo, dándole igual si ese balón se pierde y provoca una contra. Por su calidad, Santi Jara es aprovechable, pero hay que alejarlo lo más posible de todo lo que huela a orden y seriedad. Es decir, hay que aceptar su caos y acercarlo lo máximo posible a la portería rival. 

Pero los bufidos no alteran lo más mínimo la ilusión, porque Salmerón sabe lo que lleva entre manos, y quiero creer que la gente de traje también. Mauricio García de la Vega pronunció el día de su presentación una de las frases más estimulantes que he escuchado de un directivo: "No he venido al Murcia a perder dinero". Me bajó un escalofrío por la espalda, o me subió, ya no recuerdo. A Mauricio sólo le pido lo que aparenta: pago de nóminas y seriedad. Seriedad, sísí. No sé si conoces la expresión 'me cago en la puta', Mauricio, pero necesitamos que te cagues mucho en la puta, en este club. El compadreo huertano y desastrado que históricamente ha lastrado al Murcia debe ser erradicado. Infórmate bien de todo, bucea en los archivos, pregúntale a Deseado quién fue José Ruiz y por qué no siguió para traer a Fede Vega. No dejes que te inviten a gintonics, eso es lo que mejor saben hacer, así querrán sumirte en su compadreo letal. Diles que no bebes. Cágate en la puta.

Real Murcia: Biel Ribas; Juanra, Orfila, Mateos, Forniés; Santi Jara, Armando (Jordan 67'), David Sánchez, Carnicer (Juanma 73'); Elady y Pedro Martín (Chamorro 56').
Goles: en la puta.

Propósitos


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Écija, 1; Real Murcia, 2.
El primer propósito del año nuevo es dividir la lista de propósitos del año nuevo en propósitos y deseos. El primer propósito o el primer deseo, a saber. La palabra propósito puede jugar casi siempre en el puesto de la palabra deseo sin problema, es un cambio que apenas nota el equipo, como si metes a Juanra por Orfila, o a Orfila por Juanra, vamos. Pero no es lo mismo, nunca es exactamente lo mismo. Algún día tendremos que hablar de lo embustero que puede llegar a ser el diccionario de sinónimos, ese asesino de matices. El propósito es como un partido de Sergio Busquets y el deseo como una entrevista a Xavi Hernández. El deseo parece lanzarse más al aire, mientras que el propósito se trabaja, se queda. Uno puede proponerse llevar a cabo todo lo que está en su mano, como los clásicos empezar a fumar o no pisar un gimnasio. Cosas que nadie te va a impedir. Pero uno no puede proponerse subir a Segunda A, o que al Ucam no le piten penaltis a favor en todos los partidos, por mucho que lo desee. Hay cosas inalcanzables por naturaleza, como ganarle al Recreativo de Huelva alguna vez en casa; cosas que puedes desear, y hasta intentar con todo el tesón del mundo, pero son imposibles. Por más frases de autoyuda adolescente que inventen, la esencia de lo inalcanzable es que no se puede alcanzar. Y a veces, por muy optimista que sea uno, la palabra propósito no puede jugar en el puesto de la palabra deseo, que sube la banda con demasiadas pretensiones y olvida que, tarde o temprano, perderá el balón.

Arrancó el nuevo año y el Murcia actual parece apoyarse, por fin, más en propósitos que en deseos. Más allá del soñado deseo de ascender, el murcianismo necesitaba escuchar el propósito de vivir a largo plazo, de negociar con Hacienda, de ser gestionado mirando al futuro. Y escuchar que la voluntad de los murcianos (excepto la de algunos Jerónimos, claro) será la que salve al Murcia; que la voluntad de la ciudad es que el Murcia siga siendo su equipo. Lo escuchamos y, aunque sólo fueran deseos, sonaban por fin a propósitos. Lo escuchamos, además, un día después de ganar en Écija en el minuto 91, en otro encuentro digno del discurso sereno del Murcia de José María Salmerón, sustentado también en buenos propósitos: el discurso del partido a partido; de la portería a cero, o a uno, si acaso; el discurso de la temporada es larga y tú no te preocupes, ni siquiera por los penaltis en contra, que está Biel. No pareces un tipo de deseos inalcanzables, José María, no te veo para nada con frases de autoayuda adolescente en el fondo de pantalla del portátil, José María. Y, en todo caso, pareces un tipo que sabe diferenciar bien entre propósito y deseo. Un tipo que sabe que hay cosas inalcanzables, como ganarle al Recreativo de Huelva en casa, pero que es capaz de convertir, dentro de unos meses, el soñado deseo de ascender en un propósito que se puede lograr entre todos.

Real Murcia: Biel Ribas; Juanra, Pedro Orfila, David Mateos, Forniés; David Sánchez (Abel Molinero, 84'), Armando; Santi Jara (Jordan Domínguez, 72'), Fran Carnicer (Salva Chamorro, 62'), Pedro Martín; Elady.
Goles: 0-1, Elady (4'); 1-1, David Castro (78'); 1-2, Juanra (91').

La historia interminable


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Balompédica Linense, 1; Real Murcia, 2.
No terminas de ver La historia interminable hasta que no la vuelves a ver con tu hijo. Y entonces tampoco termina, claro; o no deja de terminar cuando termina. Volver a verla reflejada en sus ojos es volver a hacer interminable esa historia sobre una realidad gris que decepciona, que incluso agrede; sobre esa necesidad de escapar hacia cualquier fantasía, pero siempre con la obligación de regresar, de guardar el equilibrio entre los dos mundos; sobre esa búsqueda de cierto sentido en la fantasía para traerlo a este lado, donde no lo tiene. Y vuelves, muchos años después, a estar acorralado por la realidad en un callejón estrecho y a nadar por los aires del cielo a lomos de un enorme dragón blanco de la suerte. Y en la cara de tu hijo brillará la ilusión del que inicia el viaje, esa que hay que renovar año tras año, temporada tras temporada, siempre que algo termina, para que nuestra historia, al menos por un instante, sea interminable.

El Murcia terminó en La Línea otro año convulso y lleno de obstáculos, y lo hizo con el ruido de fondo de los cambios en la propiedad del club. Es nuestra historia interminable, de la que parece iniciarse una nuevo etapa, un capítulo que se entona con acento mexicano pero con la ilusión de siempre: la de encontrar por fin el remedio que nos salve de La Nada. En el terreno de juego, frente a la Balona, en las fronteras del grupo IV, el Murcia volvió a estar acorralado por la realidad en un callejón estrecho, con un penalti, que siempre es contra el Murcia, y una expulsión, que siempre es contra el Murcia. Pero esa es otra historia (que dura ya 13 años, ojo) y debe ser contada en otra ocasión. Nadie recordará que el árbitro volvió a pitar todo en contra en caso de duda, porque una vez más salimos vivos del callejón, en otro buen encuentro, quizá el mejor, del Murcia de Salmerón. El héroe esta vez fue Abel Molinero, justo cuando parecía que su aventura murcianista iba a finalizar, que levantó el balón por encima del portero lo justo para que 2017 termine sin llegar a terminar. Llega un nuevo año y en nuestra cara, aunque parezca increíble, brilla la ilusión del que inicia el viaje. Siempre con los pies en el suelo de la realidad, pero siempre con el corazón preparado para volar a lomos de un enorme dragón blanco de la suerte. 


Real Murcia: Biel Ribas, Juanra, Pedro Orfila, Álex Ortiz, Forniés; David Sánchez, Juanma; Santi Jara (Jordan, 80'), Fernando Llorente (Abel Molinero, 45'), Elady; Chamorro (David Mateos, 66').
Goles: 1- 1, Pedro Orfila (48'). 1-2, Abel Molinero (54').