Bendiciones y porterías a cero


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Betis B, 0; Real Murcia, 0.

-Muy buenas noches y bendiciones. Dime tu signo del zodiaco, cariño.
-Sevillanos trileros partido a puerta vacía y luego casi se llena más gente que en partidos Ucam trampas y trampas Grupo Tocomocho un solo engaño desde Melilla hasta Puerto Hurraco iguales todos como Betis B que son hijos de Joaquín y Benjamín subiendo y bajando todo el rato increíble que acabase 0-0 una ocasión ellos dos nosotros cuatro ellos siete nosotros muchas ellos infinitas nosotros el 0-0 con más goles de la historia.
-Perdona cariño, no te estoy entendiendo nada. Te he preguntado tu signo del zodiaco.
-Cáncer.
-Ya estás más relajado, dime si te echo las cartas para la salud, el trabajo o el amor.
-Penalti área Betis denegado penalti área Murcia autorizado nos roban hasta contra hijos de Joaquín y Finidi y luego roja y uno menos toda la segunda parte y a nuestro expulsado lo echaron del estadio verdad era a puerta vacía verdad se tuvo que ir al autobús verdad racismo sevillano prohibida Murcia SOS la ONU y hasta la Unesco filiales del sur peores que tribus malvadas de la Biblia son filisteos pero más jóvenes.
-Mira cariño, en estas condiciones no podemos seguir hablando. No tengo la menor idea de lo que me estás contando, y además se escuchan alaridos de fondo. Si no quieres que te eche las cartas, ¿por qué me llamas?
-Llamo porque me cuelga todo el mundo pero sois un 806 y tu compañero me prometió que podría desahogarme y decir lo que de verdad me preocupaba y no me cortarían porque esto es un 806 y sólo queréis que pasen los minutos y así ganar dinero ojalá ganéis el máximo.
-Ya, cariño, pero una vez que estás en antena puedes aprovechar para conocer tu futuro sobre lo que te apetezca, ¿no? Por ejemplo el amor. ¿No te gusta alguien ahora mismo?
-Sí. Siempre me han gustado las chicas pero ahora me gusta un chico que se llama José María Salmerón.
-No hace falta que digas su nombre, sólo dime qué signo es.
-Dice wikipedia que es libra pero no quiero gustarle a él me basta que me guste él a mí le miro y me siento bien es ese tipo de hombre que te abraza junto a la chimenea y te susurra que vas a mantener la portería a cero al final del día y que tampoco va a haber muchas jugadas a balón parado en contra los humanos queremos eso alguien que nos susurre que todo va a salir bien o que al menos va a salir empate incluso en Grupo Filisteos con equipos westerns y forajidos cada uno su propia trampa el Betis por ejemplo racismo murciano.
-Bueno, vamos acabando. ¿De la salud quieres que te mire algo?
-No sé. Échale cartas a un amigo. Su nombre es Real Murcia y su signo del zodíaco es... buff, su signo. Madre mía. Échale unas cartas genéricas. 
-A ver... Salud para el Real Murcia... huy... huy cariño, me ha salido la carta del diablo sentado en una mesa con Antonio Esteva y Quique Peinado. 
-¿Pero llega vivo al domingo?
-Sí, sí... eso sí.
-Buff. Con eso me vale, desde hace mucho.
-Muy bien cariño. ¿Algo más?
-Nada más.
-Bendiciones y porterías a cero.

Real Murcia: Biel, Armando, Forniés, Orfila, Alex Ortiz, David Sánchez, Jara, Mateos (min 32 Juanma) Chamorro (min 70 Pedro) Carnicer (min 56 Llorente) y Elady.
Goles: Increíble.

Pellejos


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 1; Badajoz, 0.
“Aquí pellejos hay siempre”, dijo contundente el camarero al servir el café, sujetando una bandeja llena de asiáticos en mitad de la huerta, entre Aljucer y la Era Alta, nada menos. Se lo decía a mi amigo Carlos Pujante, que quería enseñarnos su pueblo, y había decidido hacerlo a partir de un plato de pellejos de cerdo, algo que sólo puede perpetrar un buen amigo. "¿Pellejicos? ¿Aquí? ¡Siempre!". Y miraba desafiante a Carlos, con los asiáticos aún en la mano, ese camarero, que no quería ver un asiático en la mesa hasta que no quedara claro que pellejos, allí, siempre había. “¿Tú eres el que ha llamado tanto para preguntar si el domingo habría pellejos?”, insistía, ese camarero a Carlos, con los asiáticos todavía en la bandeja, nerviosos, los asiáticos, histéricos, esperando ser servidos. “Pues eso no tienes ni que preguntarlo, socio”, aclaraba, solemne, ese camarero. "Aquí siempre hay pellejos. Siempre". Dos cosas teníamos muy claras, por encima de todo, en ese momento: que allí siempre había pellejos y que el camarero quería dejar claro que allí siempre había pellejos. Habíamos comido pellejos, en efecto, en un buen plato de cerdo, un plato de cerdo varios, que así parecía llamarse el plato, pellejos rodeados de tocinos, de lomos, de salchichas, de longanizas, pellejos bien rodeados. Y habíamos comido cordero y pollo, y lengua en salsa, y pulpo y alcachofas, y tomate y embutido. Una buena comida entre amigos en un domingo de esos espléndidos que deja el otoño en Murcia cuando el sábado ha ganado el Murcia. En mitad de la huerta, entre Aljucer y la Era Alta. En un sitio en el que siempre hay pellejos. Y entonces fue imposible no pensar en silencio, con el asiático por fin en la mesa, en esas pocas cosas que son seguras. Esas cosas que no fallan, como un buen amigo.

En el Murcia actual de Salmerón faltan muchísimas cosas, pero siempre hay pellejos. Ahora ya vamos a ver al equipo sabiendo que tenemos ese mínimo, esa fiabilidad competitiva, esas líneas juntas, ese mediocampo poblado, con Armando de jefe, más retrasado, impecable. Salmeroni compensa la ausencia de mediocentros defensivos con muchos mediocentros de los otros, pero entregados a la causa. Y a pesar de eso, a pesar de los resultados, sigue faltando mucho. No fue peor el Badajoz que el Murcia, como tampoco lo fueron el Granada B, el Jumilla o el Extremadura. Queda la sensación de que el equipo aún puede crecer más, aún puede ganar mejor, quizá también por la mínima, eso siempre, pero probablemente sin dar tantas opciones al rival. En el Murcia actual de Salmerón faltan muchísimas cosas, pero lo mejor es que los rivales no lo saben. Ellos sólo escuchan un alarido aterrador a la semana (unocero), un ruido mecánico y asfixiante (cerouno), un grito corto, discreto (unocero), pero sobrecogedor (cerouno). Una gota de agua que suena intermitente en el silencio de las noches de la Segunda B. El Murcia. Nos piden pellejos y siempre tenemos. Siempre. Algo seguro en el deporte más imprevisible del mundo. Algo como pedir pellejos en mitad de la huerta, entre Aljucer y la Era Alta, como ver jugar al Murcia cada domingo, como el amigo que nunca falla.

Real Murcia: Biel Ribas; Fede Vega, Orfila, Álex Ortiz, Forniés; Armando; Santi Jara, Llorente (David Sánchez, 50'), Fran Carnicer (Pedro Martín, 63'), Jordan (Juanma, 79'); Salva Chamorro.
Unocero: Santi Jara (30').

Quique Torres en Éibar


Luis María Valero (@karimbohorquez)

Sólo una vez en mi vida le he pedido un autógrafo a alguien, y fue a Quique Torres tras el ascenso de Granada. Aguilar fue el héroe oficial, pero Quique fue mi héroe particular, menos compartido, más íntimo. El partido de Quique Torres en Granada entró en mi cabeza el día 25 de junio del año 2000, y muchos días después todavía permanecía ahí, aunque potenciado y multiplicado y ornamentado y enriquecido con todo tipo de afluentes que aportaban mis 16 años de edad. El partido de Quique Torres se inflamó pronto en mi mente, y tardó mucho en deshincharse. Aún hoy le pongo de vez en cuando levadura. Son ya bastantes autógrafos para mí, me dije entonces y me digo ahora, no necesito más. Quique, el mediocentro, el hombre al que Vicente Del Bosque iba a ver entrenar cada tarde con los juveniles del Madrid porque se enamoró de su juego, dicen, y porque estaba convencido de que un día esa melena rizada entraría en el vestuario del Bernabéu y ya no se iría a ninguna otra parte. Pero esa melena rizada no sólo no llegó al Bernabéu, sino que además se fue desmoronando poco a poco, y de hecho Quique Torres acabó calvo y en Segunda B. Las lesiones hicieron el resto y lo pasearon por estadios que no se correspondían con su talento, con su absoluto gobierno del centro del campo, queriéndolas, parándolas, levantando la cabeza y tocándola siempre con cariño. Quique Torres es el mediocentro de mi vida, quizás porque fue el mediocentro que nos subió a Segunda, quizás porque me enamoraba su estilo discreto y esa pinta de ajedrecista con fobia social, o quizás por la historia que me contaron de cuando fuimos a jugar a Éibar, ya en Segunda y con Pepe Mel de entrenador.

Fue nuestro primer partido liguero del siglo XXI, el 7 de enero de 2001. Estábamos en Segunda después de unos cuantos años, pero no terminas de subir del todo a Segunda hasta que no juegas en Ipurúa. Hasta que no pierdes 1-0 en Ipurúa, me atrevo a decir. Sin embargo, aquel Murcia de altibajísimos y repleto de bajas (¡Tonelotto jugó los 90 minutos!) no respetó las tradiciones y realmente se atrevió a ganar 0-1 en Ipurúa, con un penalti que llegó de no se sabe dónde y que marcó Aguilar. Cuentan que el Murcia sufrió como supongo que sólo se sufre en un Ipurúa embarrado una tarde de invierno, mientras ves subir lentamente a los centrales del Éibar a rematar un córner agónico. Los que vivieron ese partido cuentan que el Éibar se comió nuestro centro del campo, y que nos meneó y nos zarandeó esperando que cayese algo de valor. Pero no cayó nada, y el Murcia se llevó los tres primeros puntos de un siglo que tampoco parece estar siendo el suyo. Pepe Mel llegó eufórico al vestuario y se abrazó a los jugadores, en una verbena improvisada que estaba más que justificada: es que habíamos ganado al Éibar de Don Blas Ziarreta. Sin embargo, un jugador permanecía ajeno a la celebración, sentado solo en una esquina del vestuario y con la mirada clavada en el suelo. Era Quique Torres. Un compañero se le acercó extrañado y le dijo: “Pero Quique, qué te pasa… Alegra esa cara. Que acabamos de ganar en Éibar”. Y Quique Torres, abatido, le respondió: “Hemos ganado pero el mediocentro de ellos me ha meado. Ha hecho conmigo lo que ha querido. He jugado un partido de mierda”. El mediocentro pipiolo de aquel Éibar, el que hizo que Quique Torres perdiera un nuevo mechón de pelo aquella tarde, se llamaba Xabi Alonso.


Series


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Extremadura, 0; Real Murcia, 1.
Ha dado fuerte por las series de televisión, ¿eh? Vaya tela. Supongo que sobre ese furor por las series estará todo dicho, porque hoy día está dicho todo sobre casi todo y casi todo sobre todo. Imagino que habrá miles de artículos con análisis rigurosos sobre el auge y triunfo de las series de televisión, pero como aquí estamos para escribir crónicas de fútbol, o algo así, yo me voy a quedar en el fútbol. Y creo que las series de televisión han conquistado el mundo porque se parecen muchísimo a la liga, y la liga, amigo, la puta liga, es una de las mejores cosas que hay en este mundo. Un partido es una película, pero la liga, cualquier liga, es una serie. Hay producciones espectaculares, de primera, pero a veces demasiado previsibles, sin emoción; y hay series más pequeñas, humildes, pero con una estructura narrativa preciosa, tan compleja que sólo al final puede ser descifrada. Hay una primera jornada que determina el rumbo de la temporada, como si fuera un episodio piloto, que te marca una trayectoria, unas líneas dramáticas para todo el inicio de la liga. Pero cada capítulo, cada jornada, es una nueva aventura, llena de sorpresas casi siempre. Hay personajes que aparecen y desaparecen, héroes, villanos y secundarios; unos que irrumpen con fuerza cuando nadie contaba con ellos y otros que terminan olvidados cuando los creíamos protagonistas. Algunos se incorporan en mitad de la serie y otros, en cambio, mueren, de pronto, o sufren heridas de rodilla tan graves que no reaparecen hasta la siguiente temporada. Hay tramas de todo tipo, al margen de la trama principal, que casi siempre se resuelve en el último capítulo, y casi nunca con un final feliz. Hay capítulos muy entretenidos, con alternativas, idas y venidas, y hay capítulos sólo para frikis, que los amantes del espectáculo califican de aburridos, llenos de diálogos en espacios cerrados, sin sobresaltos, o que se deciden por un solo detalle. También hay capítulos que pueden cambiar el rumbo de la serie, que la impulsan inesperadamente. Capítulos que se quedan en la memoria, con momentos que te levantan del sofá, te emocionan y te tocan eso que da sentido a la vida. Ha dado fuerte por las series de televisión, ¿eh? Vaya tela. Supongo que porque se parecen muchísimo a la liga, y la liga, amigo, es una de las mejores cosas que hay en este mundo.

Menuda serie, esta en la que vive el Murcia. Menuda trama, temporada tras temporada. La actual vuelve a tener esa dosis de sufrimiento casi desde el arranque, esa agonía perpetua. En nuestra serie los entrenadores suelen morir muy pronto, es un argumento tan visto que ya cansa, pero se repite. Nunca llegan al último capítulo. Y no hay temporada en la que no parezca todo perdido, en la que no nos condenen prematuramente. Pero es entonces cuando casi siempre llega ese punto de giro que hace evolucionar la historia. Este año ha aparecido un personaje sobrio y contenido, un perfecto conocedor de los entresijos de esta serie, que ha conseguido levantar al Murcia con una serie de capítulos grises pero eficaces. Al tipo sobrio le basta con un asesinato a la semana para llevarse los puntos y se siente cómodo en esos diálogos vacíos en los que parece no pasar nada. No quiere entretener a nadie. En el complejo capítulo de la semana pasada, el Murcia dio un paso atrás extraño, jugando mejor que nunca pero sumando una derrota dura, que el murcianismo no sabía cómo interpretar. Y así, confusos, nos sentamos a ver el capítulo de esta semana, pensando en la mala hostia del maldito guionista de todo esto, que además nos hacía jugar de nuevo en el campo del líder y sin nuestros tres asesinos más efectivos. Así nos sentamos, preparados para otro palo que algunos hubieran calificado de definitivo. Fue un partido parejo, de mucho diálogo, con fases más pausadas que algún Karpov-Kasparov de los ochenta. El Murcia volvía a mostrar su cara humilde y trabajada, la del tipo sobrio, dicen que conformista, pero de momento eficaz. El Extremadura apretaba y en alguna fase el capítulo llegó a ser un monólogo, pero el partido estaba destinado a terminar sin heridos. La temporada parecía dar una tregua, un respiro, un capítulo de esos sin nada, sólo para los frikis de la serie. Y entonces, en el último minuto, ocurrió. Sucedió todo muy rápido. Primero fue sólo un sonido, como un graznido lejano, y después un aleteo ruidoso que se acercaba. Nadie podía creer lo que estaba pasando. El Murcia había sacado un dragón al terreno de juego, un dragón enorme que incendiaba el Francisco de la Hera, dejando cientos de rivales abrasados hasta llegar a la portería del Extremadura. La serie daba de pronto un vuelco inesperado. No por los tres puntos, sino por la sensación que ha dejado en todo el grupo, en nuestra serie, una aparición así. Ahora todos saben que tenemos dragones. Menudo capítulo, le dije a mi padre, levantados los dos del sofá, emocionados, después de que Santi Jara nos tocara eso que da algo de sentido a la vida. Menuda serie, esta en la que vive el Murcia, menuda temporada nos espera de nuevo. Y qué final nos deparará este año el maldito guionista de todo esto. 

Real Murcia: Biel Ribas, Juanra (Fede Vega, 60'), Pedro Orfila, Álex Ortiz, Forniés; Armando; Santi Jara, Fran Carnicer (David Sánchez, 55'), Fernando Llorente, Jordan (Abel Molinero, 77'); y Salva Chamorro.
Goles: 0-1 (Un dragón de Almansa, 92').

El entrenador del Din Don


Luis María Valero (@mondo_moyano)

«Es sólo un juego cruel cuyas víctimas sois;
Juego de especialistas». ('Poesías', Michel Houellebecq)

«Santi Jara engañará a los tontos, pero a mí no» (El entrenador del Din Don)

Cartagena, 2; Real Murcia, 1.
Entró en el Bar Din Don con el partido ya empezado, todo de blanco, pantalones blancos, jersey blanco, gorra blanca, una tonalidad como de uniforme de pintor humilde, un blanco proletario, y ya antes de que se sentara a mi lado, ya cuando abrió la puerta y construyó un paso y luego construyó otro, supe que hacia mí venía un Entrenador. Antes de que él entrara al Din Don, a mi lado izquierdo Diego y a mi lado derecho nadie, pero después de que aquel grandullón de unos 50 tacos llegara al Din Don, a mi lado izquierdo todo igual, pero a mi lado derecho un Entrenador. Tú y yo creemos ser entrenadores, hacemos alineaciones, negamos con la cabeza ante unos, asentimos ante otros, pero no nos ponemos gorra blanca para ver al Murcia por televisión, y no anunciamos nada más entrar, a un volumen alto e incluso muy alto, la frase: "Santi Jara engañará a los tontos, pero a mí no", tal y como hizo El Entrenador, El Especialista, precisamente a los tres minutos de entrar, no más tarde, así puede confirmarlo Diego. El míster también fue implacable con Forniés, a quien masacró sin piedad y sin la menor necesidad de rebuscar demasiado entre el baúl de los adjetivos, porque de ese baúl sacó muy rápidamente el adjetivo "malo", siempre eficaz, y lo repitió y lo repitió a lo largo del partido, "qué malo es el 3, Litri, qué malo es", aunque en realidad Forniés no es ni mucho menos malo, eso quiere dejarlo claro el entrenador sin gorra que llevo dentro, que por otra parte no tiene la menor intención de rebatir la sentencia sobre Santi Jara.

Eran malos muchos del Murcia para el míster del Din Don, pero la realidad es que el Murcia sigue mejorando, y ya da igual si hombre por hombre somos mejores o peores, porque el engranaje resultante de la conjunción de esos hombres ya es un buen engranaje y produce sonidos industriales armoniosos, un brrromm-brromm que ya nos habilita para competir sobradamente con los buenos equipos del Grupo PER. Como por ejemplo el Cartagena, que no mereció ganarnos pero que sin duda es un buen equipo, sí, sí, e incluso me desmeleno y me atrevo a pronosticar que el Cartagena podría quedar sexto en el Grupo III, o por qué no, incluso quinto.

Bien cerradicos atrás después de adelantarse por dos veces, nos ganaron sin necesidad de dominarnos, y la victoria se basó en algo tan desagradable como que dos de nuestros especialistas fallaron en sus especialidades. Se supone que un lateral que es medio mundo como Juanra debe cerrar bien el remate de cabeza de su extremo, en un centro que viene desde Honduras. He tardado cinco días en escribir la crónica porque quería esperar lo que hiciera falta para ver si Juanra se iba de una vez a por el balón en vez de convertirse en un tercer central que no necesitábamos en ese momento. Pero Juanra es central reconvertido a lateral y supongo que hay mecanismos naturales que se activan solos: la cabra tira al monte y los centrales hacia el delantero. Igualmente, se supone que uno de los mejores porteros de la categoría como Biel Ribas debe parar el tirito que no paró, en el segundo gol. Se supone, claro. Pero no ocurrió lo que habría sido normal: el despeje fácil de Juanra y la parada fácil de Biel, y nos ganaron. Por lo tanto, el Entrenador del Din Don lo tuvo sencillo para emitir su diagnóstico final, que no presentó grandes novedades en la línea argumental: "Litri, somos unos paquetes". Después, el míster se caló la gorra, y guardó silencio durante unos cuantos segundos antes de pedir una copa exactamente con estas palabras: "Litri, ponme un yintónico".

Real Murcia: Biel Ribas; Juanra, Orfila, Álex Ortiz, Forniés; Armando, David Sánchez; Santi Jara, Carnicer (Llorente, 62'), Pedro Martín (Nadjib, 78'); y Chamorro (Molinero, 60').
Goles: 1-0 (uno, 3'). 1-1 (46') Salva Chamorro. 2-1 (otro, 59').

Buena mierda


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Real Murcia, 1; Jumilla, 0
En torno al minuto 70 de partido estábamos en pie los dos, el Morata por su fila, yo por la mía, pero ambos cuerpos y ambas almas lo suficientemente cerca como para que pudiera interpretarse que una sola fila del Fondo Sur era lo que compartíamos. En muy pocos partidos contra el Jumilla a lo largo de la historia ha llegado un aficionado del Murcia en pie al minuto 70; supongo que la postura histórica a esas alturas de partido habrá sido la de sentado, e incluso la de espatarrado. No fue mi caso ni el del Morata ni el de tantos otros, a los que el minuto 70 de este Murcia-Jumilla nos descubrió erguidos, antiespatarrados, en oposición radical a toda relajación, y más asustados que un manifestante de la CUP en una peli de Bud Spencer.

El Morata en su fila; yo en la mía (los dos en la misma). Entonces, en torno a ese minuto 70, emití un diagnóstico muy poco original en voz alta: hay que ganar esto en una jugada suelta, a balón parado, como sea, que nos entre un churro y para casa. Millones de diagnósticos similares habré emitido en el minuto 70 de un 0-0 en casa, pero el Morata recogió esa lectura y la interpretó como nunca antes había escuchado, verdaderamente la tradujo al idioma del fútbol y dijo: "Hoy quiero mierda, hoy quiero una victoria de mierda". Y al final fue mierda, realmente lo fue, pero fue buena mierda. Incluso me atrevo a decir que fue mierda de la mejor categoría o al menos una de las mejores mierdas que se puede encontrar hoy día en el mercado: un Murcia solidario, que ya presiona como un equipo de comerciales de Vodaphone, en coreografía, y que gracias a José María Salmeroni ya regala muy poco, se lo tienes que comprar todo para ganarle. Sigue habiendo viscosidad, carencias estructurales: el físico de David Sánchez y la indolencia de Santi Jara, por ejemplo, pero también asoman las buenas noticias, como Jordan y Carnicer, que se empeñaron en sentarnos al Morata y a mí y a todos desde el minuto 70 hasta el final. Sin embargo, el que me subió definitivamente a la fila del Morata para que nuestros diagnósticos se abrazaran fue Elady; él trajo el milagro, la visión celestial, como un gitano que surca de repente una avenida de la ciudad haciendo un caballito con la bici mientras mantiene la columna vertebral rectísima.

Camino a casa, alguien me preguntó: "¿Qué? ¿Crees que estamos a tiempo?". Y sólo le pude decir una cosa. Y sólo puedo repetir lo mismo ahora y aquí y en este momento: no existen límites en el universo para un equipo que empieza a producir buena mierda en Segunda B.

Real Murcia: Biel Ribas, Juanra, Ortiz, Orfila, Forniés, David Sánchez, Armando (Carnicer 75'), Santi Jara, Molinero (Jordán 50'), Elady y Pedro (Chamorro 68')
Goles: Gitano surcando avenida mientras hace un caballito majestuoso con la bici y mantiene la columna rectísima.

'Cerouno'

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Las Palmas B, 0; Real Murcia, 1.
Si los partidos de fútbol tuvieran un Charles Darwin para estudiar su evolución, hace tiempo que los hubiera clasificado, desde su origen, en partidos en los que no importa el resultado (seguramente aquellos primeros disputados entre primates), partidos en los que importa el resultado, partidos en los que sólo importa el resultado y, por último, partidos que son el resultado. Este último tipo de encuentros, en efecto, parecen estar en la cúspide de la evolución, porque más allá sólo está que el rival no comparezca, el sueño de todo entrenador profesional. Entre este tipo de partidos perfectos, el más refinado del mundo actual es el 0-1, que en el reino de la picaresca ha llegado a convertirse en concepto (cerouno), más que en resultado. De hecho, es evidente que hay cerounos que terminan 0-2, e incluso hay quien se atreve a hablar del concepto de cerouno en algún 0-3. El cerouno se fundamenta en el cero, en no encajar gol por nada del mundo, y el camino más seguro para ello es que nada, o casi nada, vaya entre tus tres palos. La siguiente premisa, el uno, es algo más compleja, pero el concepto cerouno se basa en que siempre puede llegar el uno, por muy mal que juegues, por poco que hagas, en cualquier rebote o despiste del rival. El cerouno ideal, lo que establecen los cánones del cerouno, es que el uno llegue pronto y que después apenas se juegue, que nadie tire, que pase el tiempo, que se pierda cada segundo posible hasta la desesperación del rival, que se transmita una sensación de impotencia que termine por aburrir, que todo el mundo presente en el campo, mediada la segunda parte, admita que está asistiendo irremediablemente a un cerouno. El cerouno tiene críticos acérrimos, puede gustar poco o muy poco, pero es lo que hay. La evolución.

El murcianismo conoce perfectamente lo que es el cerouno, de hecho es experto en cerounos. Pero en sufrirlos, en estar casi siempre del lado del cero. No hay hincha grana que no los recuerde, año tras año, desde los últimos de La Condomina vieja y de toda la vida en Nueva Condomina. En algunas comidas murcianistas, de hecho, sólo hablamos de cerounos sufridos, y el tema se alarga fácilmente al gintonic. Por algún motivo, el Murcia siempre se ha agarrado a un pasado señorial, a unas raíces nobles que nos privaban de esa evolución. De ese gol de mierda, a balón parado casi siempre, de esa pérdida de tiempo irritante, de ese juego sin juego, de sacar provecho y robar tiempo de cada acción, de esa impotencia para el rival, de esa nada que es todo, la vida, los tres putos puntos. En Las Palmas, el Murcia de Salmerón se marcó un cerouno de manual, precioso, de escuela de fútbol. Gol tempranero a balón parado, churro de gol, por error garrafal del portero. Y después, la nada. Un cerouno precioso, con añadidos que lo embellecieron más, como la mierda de campo de césped artificial en la que te castiga el filial de mierda de turno. En Las Palmas, por fin, el Murcia pudo disfrutar de un cerouno, pero ahora le toca al murcianismo aprender a disfrutarlo, a saber dónde está. Recordar a Charles Darwin, recordar aquellos primeros partidos disputados entre primates y la evolución del fútbol. Te puede gustar poco o muy poco, pero es lo que hay. Esa impotencia para el rival, esa nada que es todo, los tres putos puntos, la vida.

Real Murcia: Biel Ribas, Juanra, Orfila, Mateos, Forniés; David Sánchez, Armando; Santi Jara, Llorente (Jordan, 75'), Elady (Abel Molinero, 56'); Chamorro (Nadjib, 82').
Goles: Como mandan los cánones.