La prensa rival

Granada B, 1; Real Murcia, 1.


Real Murcia: Simón, Juanjo (José Ruiz 88'), Morante, Borja, Josema, David Sánchez, Rayco (Aguilera 82'), Armando, Víctor Curto (Isi 64'), Rubén y Elady.
Goles: 0-1 (15') Víctor Curto. 1-1 (37') Aly Mallé.

Pura y radical


Alejandro Oliva [@betandtuit]

Real Murcia, 1; Balompédica Linense, 0.
“Hasta los cojones de los extremos maricones”, bramaba alguien, unas cuantas butacas a mi derecha en Nueva Condomina, y más allá de la curiosa reflexión sobre la condición de extremo me quedé pensando en la incorrección política de la expresión. Es evidente que aquel señor no hablaba de la orientación sexual de los extremos; es muy probable que incluso no quisiera molestar a ningún colectivo, que su única intención fuera que todo el que recibiera su mensaje lo entendiera con claridad. A veces resulta difícil hacerse entender sin molestar a nadie, y uno tiene que elegir entre ser claro, aunque duela, o ser difuso, pero sin herir a nadie. Por poner un ejemplo: hace ya tres veranos un juez español señaló que la Liga de Fútbol Profesional había buscado "la pura y radical expulsión de un afiliado y su descenso de categoría (...) sin apoyo de norma con rango de ley para alterar la legítima competencia empresarial en el mercado del fútbol". Un mensaje aparentemente claro, pero parece que no lo suficiente. Porque la sensación es que el fútbol español, e incluso la sociedad murciana, sigue sin tener claro por qué expulsaron al Murcia del fútbol profesional. La pura y radical expulsión, dijo aquel juez en un auto judicial. Pura y radical.

El Murcia afrontaba el domingo su enésima final desde aquel verano, ante La Balona, un rival incómodo que había empatado en casa del Cartagena y del Villanovense en estas últimas semanas. Paco García volvió a tirar de un once ultraofensivo que, en cambio, termina siendo un equipo que marca muy poco y encaja aún menos. Entre el buen nivel de casi todas las incorporaciones invernales, destacó esta vez Elady Zorrilla, un extremo diferente, sin duda del agrado de mi políticamente incorrecto vecino de grada, agresivo en ataque y en defensa, una pieza que necesitaba esta plantilla casi tanto como la veteranía de David Sánchez y Curto para ganar este tipo de partidos. Sí, el Murcia volvió a ganar, y es el segundo mejor equipo del grupo en las últimas 16 jornadas. Nos lo recordaba David Soria (@dasorher) al terminar el partido, y lo decía claramente, con la incorrección política del buen periodista, a contracorriente en un entorno ansioso en el que crecen las dudas y que no deja de mirar de reojo al banquillo. No se debería discutir al entrenador del segundo mejor equipo del grupo, pero se hace. Lo que no se hace, en cambio, es recordar que el Murcia sigue sin lanzar un penalti en 25 jornadas, o que ya ha sufrido ocho expulsiones. Debe ser algo tan habitual en la última década que ya no es noticia. O quizá sea cuestión de corrección política. La tarde, además, dejaba a otro equipo de Murcia empatando en Elche por un empujoncico en el área en el 92: lo normal, vamos. Es muy normal que un equipo de Murcia de la parte baja de Segunda sea el más beneficiado por los penaltis en todo el fútbol español. "Hasta los cojones de los extremos maricones", dijo aquel hombre, con claridad, para que todos lo entendiéramos. Pero la sensación es que el fútbol español, e incluso la sociedad murciana, sigue sin decir claro por qué nos expulsaron del fútbol profesional. A pesar de que nos lo recuerden puntualmente, casi a gritos, cada fin de semana. 

Real Murcia: Simón, Juanjo, Golobart, Josema, Pumar, David Sánchez, Diego Benito (Roberto Alarcón, min. 85), Rayco (Javi Saura, min. 77), Elady, Víctor Curto y Sergi Guardiola (Armando, min. 66).
Goles: 1-0 (Curto, 23')

Nostalgia


Alejandro Oliva [@betandtuit]

Melilla, 0; Real Murcia, 0.
Melilla tiene un aire nostálgico que no deja de agitarte durante todo el partido. Si en la primera parte sopla en contra, te cuentan los que saben, en la segunda soplará a favor, aunque tú no tengas claro que el aire nostálgico pueda soplar a favor. El viento en contra en Melilla sopla fuerte y te lleva de pronto a septiembre de 1980: el Murcia de José Víctor recibía al Barça de Kubala en la primera jornada de Liga, después de haber ascendido como campeón. Imaginas el ambiente de aquella tarde de final de verano en La Condomina, patillas largas y bigote, olor a puro mezclado con colonia de domingo, la ilusión ochentera en las viejas gradas. Imaginas la euforia cuando Naharro adelantó al Murcia mediada la primera parte; imaginas la rabia cuando nos marcamos en propia puerta el gol de la derrota en el 90. Después fuimos a Salamanca y ganamos 0-3: aquel Murcia era un equipazo, te dicen; luego vino el Zaragoza y volvimos a perder en el último minuto. Tras un 4-0 en el Bernabéu, sacamos dos empates a cero divinos (el empate entonces era incluso mejor que ahora, al no estar adulterada la victoria con 3 puntos) y le ganamos 5-4 al Athletic de Bilbao en un partido épico, en el que el Murcia, el Murcia de José Víctor, se fue al descanso 5-1 frente a aquel Athletic de Argote, Dani, Sarabia y Rojo. Era 19 de octubre de 1980 y apenas un mes y medio después José Víctor Rodríguez de Miguel era destituido como entrenador del Murcia.

José Víctor tenía entonces sólo 35 años y en los setenta lo había logrado todo en el fútbol nacional en categorías inferiores. Todo: había sido campeón juvenil de España con el Real Murcia y la selección murciana. Y su Murcia en Primera estaba formado por esa base de futbolistas a los que había hecho campeones; su Murcia había ascendido con mayoría de esos jugadores a los que había formado. Aquel Murcia era un equipazo, te dicen. José Víctor tenía entonces 35 años y sólo volvió a entrenar al Murcia durante media temporada en Segunda, ya en los noventa. El viento de Melilla sopla tan fuerte que te arrastra a lo inesperado, a repasar oportunidades perdidas. Al sufrimiento. Pero en Melilla el Murcia sacó otro punto importante que le permite seguir arriba y completar un mes muy decente ante los peores rivales, un mes casi impecable sin aquel zurdazo a la escuadra del lateral del Lorca. En Melilla, el Murcia volvió a ser sólido, a mostrar que a pesar de tanto fichaje es un equipo armado, y que en cuanto esas incorporaciones muestren lo que prometen será un equipo muy fuerte justo cuando hay que serlo. Pero en Melilla el viento no dejó de soplar en contra, no dio tregua. Y volvió a traer dudas, prisas, agonía, rumores, ultimátums, sentencias absurdas para Paco García. Volvió a traer, entre las dudas y las sentencias, el recuerdo de José Víctor, casi un año después de su muerte. Será ese aire nostálgico que no deja de agitarte y que no tienes claro si algún día soplará a favor.

Real  Murcia: Diego Rivas; Armando, Morante, Josema, Pumar; Rayco (Simón 72'), David Sánchez, Diego Benito, Elady (Isi 81'); Sergi Guardiola (Roberto Alarcón 89') y Víctor Curto.
Goles: No.

Triunfadores


Alejandro Oliva [@betandtuit]

Real Murcia, 0; Jumilla, 0.
El domingo amaneció España hablando de tenis, que regresaba a nuestras vidas tres años después. Ya era hora de que se jugara un partido decente, ¿no? Con lo que nos gusta a nosotros el tenis. Un Nadal-Federer, socio. ¿Cómo no ver ese partido? Dos de los mejores tenistas de siempre en un duelo eterno que será historia de este deporte. Y más allá de eso, dicen, los valores que transmiten: dos buenas personas, humildes, normales, nobles, respetuosos. Sin duda Roger y Rafael lo son, y sus batallas han enviado un mensaje conciliador en un mundo que parece inclinarse hacia el otro lado. Pero algo me dice que, aunque no lo fueran, la historia sería parecida, porque en España el relato deportivo se ha construido así: los triunfadores son buenos y los buenos triunfan. En la España gris el deporte apenas existía, era cosa de tres o cuatro ricos, pero la España moderna prefirió invertir en el triunfo antes que en el deporte. El modelo, impulsado por el éxito de Barcelona 92, ha tirado de héroes como Induráin, Nadal, Fernando Alonso, Gasol, Casillas, Xavi e Iniesta (siempre juntos), Contador, Mireia Belmonte ahora. Las sombras del dopaje y de la ‘medicina deportiva’ son cosa de envidiosos de fuera, hombre. A Alonso no llegaron a perdonarle que fuera antipático y fue castigado en cuanto empezó a perder, como ya le había pasado a Carlos Sainz. Porque el relato, que en principio no implicaba maldad, fue generando una historia paralela de desprecio al perdedor, de mofa y pitorreo, que terminaba humillando al derrotado, que no sólo perdía, sino que era mala persona. Cuentan que hay lugares con campos de golf hasta la bandera donde se ovaciona a todos los jugadores, torneos de tenis con las pistas llenas aun sin tenistas de la tierra, rincones donde gusta el atletismo, la natación, el deporte en sí; donde se respeta y se acepta la normalidad de la derrota. La cultura deportiva española es la del triunfo y por eso la mayoría de los recintos deportivos están vacíos. Los triunfadores están en la tele. En Italia gusta el tenis; en Bélgica, el ciclismo; en Francia, el rugby. Aquí no gusta ni el fútbol. Aquí gusta ganar.

El domingo avanzó con una gran victoria de Federer sobre Nadal y, en ese contexto, recibía el Murcia esa misma tarde al Jumilla, a este gran Jumilla del Pichi Lucas. En ese contexto, claro, el Murcia debía pasar por encima del Jumilla y acercarse más al playoff. Es lógico. Es el relato que escuchamos todos los días. ¿Quién cojones va a ir al fútbol para no ganarle al Jumilla? El deporte en sí, el duro trabajo diario por conseguir el triunfo, no tiene ningún valor si luego no ganas. El nuevo Murcia fue algo mejor que el rival y el balón estuvo al final cerca de entrar, pero no entró. El nuevo Murcia es un muy nuevo Murcia, ojo, que el otro día presentaba un once con más nuevos que viejos. Paco García sorprendió sin parte de sus certezas (Ruiz, Morante, Armando), acaso buscando rápido una fórmula ofensiva que nos dé más victorias (la profundidad de los laterales, la creatividad en mediocampo). Paco sabe dónde está, sabe que no habrá paciencia en esta segunda pretemporada. Sabe que la cantinela rancia sobre que su modelo de juego no vale para Segunda B (aunque siempre ha dado resultados en Segunda B y Tercera), sobre la falta de profundidad y de intensidad, tiene cada vez más seguidores. Sólo porque no ganó. Porque somos triunfadores, Paco, qué le vamos a hacer, y ahora nos han contado que los nuevos son muy buenos y entonces vas a tener que ganar. Porque nosotros somos pacientes, y queremos un proyecto de cantera a largo plazo con un entrenador de la casa y todo eso. Pero queremos que ganes ya. Y queremos que subas, porque si no subes serás un mierda como Aira y Carlos Sainz. Pero si subes, es posible que seas hasta buena persona. Y humilde, y noble. Como Federer, como Nadal. Como Gasol y Casillas, como Xavi e Iniesta (siempre juntos), como Contador. Como nosotros.

Real Murcia: Diego Rivas, Juanjo, Golobart, Joseba, Pumar, David Sánchez, Diego Benito, Elady (Isi, 69'), Rubén Ramos (Roberto Alarcón, 82'), Rayco (Germán, 75') y Víctor Curto.
Goles: No.

25 goles por temporada


Alejandro Oliva [@betandtuit]

Un Lorca chino, 1; Real Murcia, 0.
“Os voy a explicar en qué consiste el fútbol”, escuchó mi amigo Yayo Delgado en la mesa de al lado durante una comida en Albacete, poco antes de ver alguna derrota del Murcia. En qué consiste el fútbol, quería explicar aquel hombre, nada menos, e imagino que en aquel restorán manchego se callaron hasta los gazpachos. “El fútbol consiste en fichar siempre al delantero que el año anterior haya marcado 25 goles”, escuchó Yayo atento, “un delantero que te garantice 25 goles por temporada”, me juró Yayo que siguió diciendo el hombre, que además no era ingeniero, no, ni comercial ni bombero: era eso que se dice un hombre de fútbol, y estaba rodeado de gente de fútbol, que asentían alborozados, imagino, se daban codazos, bebían vino, gritaban mucho. Estaban, en efecto, explicando la esencia del fútbol, antes de dos gintonics camino del Carlos Belmonte.

Sobre que la vida no es fácil y que no tenemos ni puta idea de fútbol ya lo ha dicho todo Enrique Ballester. Lo sigue diciendo, de hecho. Ni puta idea, ninguno, aunque alguno al menos tiene la decencia de no explicar en qué consiste. En el primer tiempo, el Murcia, arruinado y en mitad de su segunda pretemporada, fue tan bueno como el poderoso líder, el temible Lorca chino, y pudo adelantarse, casi siempre impulsado por las llegadas de un gran Fernando Pumar. Los refuerzos sí parecen mejorar lo que había, pero tampoco consiguieron dar lo que faltaba: gol. La frustración de la derrota, de los años duros y las cornadas en playoffs y despachos han desesperado a parte del murcianismo, que en su histerismo vuelve a olvidar que un equipo es mucho más que la unión de 11 buenos jugadores y reclama fichajes sin criterio ni proyecto, como aquel hombre de fútbol en Albacete. Pero llegó la segunda parte y comprobamos, ahora sí, que es más fácil tener un buen equipo cuando tienes 11 buenos jugadores. Este Lorca ha juntado a varios de los mejores futbolistas de Segunda B y fue muy superior. No por intensidad ni por cojones, sino por fútbol. Tan fácil como eso. ¿En qué quedamos, entonces? Ni puta idea. Quizá el secreto sea fichar un delantero que garantice 25 goles por temporada, fichar once jugadores maravillosos y ponerlos, pero no tiene por qué serlo siempre. La vida no es fácil, pero lo jodido, nos recuerda también Ballester, es precisamente que a veces tampoco es muy difícil. Ojalá tuviéramos todos en la almohada un delantero que nos garantizara tomar decisiones correctas en la vida. Un experto, un seguro, un killer de la vida: un tipo que no se equivocara nunca. Eso sí que nos garantizaría la felicidad. O puede que no.

Real Murcia: Diego Rivas; José Ruiz, Morante (Rubén Ramos, 74'), Golobart, Pumar; Armando, David Sánchez; Rayco, Adrián Cruz (Elady, 56'), Roberto Alarcón (Isi, 56'); y Víctor Curto.
Goles: 1-0 (Pomares, 51').

Suerte


Alejandro Oliva [@betandtuit]

Real Murcia, 2; Villanovense, 1
Arrancó el partido y de pronto comprobamos que el Villanovense es la belleza que hay en el horror, ese algo de vida que dicen siempre hay en la muerte, que debe de ser parecida a la Segunda B. Alguno todavía no se había sentado y allí estaban esos tipos de negro, altos, fuertes, bien colocados, intentando jugar al fútbol. En casi 40 años en las gradas de las condominas me ha impresionado el Nanu Soler del Espanyol de Clemente, todo el Albacete de Benito Floro, el gol de Coquito Rodríguez del Palamós, aquel Fernando Torres de 17 años y unas diez o doce joyas más, y este Villanovense ha llamado con fuerza a esa puerta de la memoria, ha estado a punto de abrirla. Altos, fuertes, bien colocados, con centrales imponentes, gente de banda que desborda y un 10 extremeño-rumano que se llama Jesús Rubio y el año pasado jugaba para el enemigo, y al que el enemigo, sorprendentemente, no quiso este año, quizá aconsejado por uno de esos ordenadores que analiza muy bien datos pero jamás interpretará partidos ni descubrirá belleza. Un 10 de otra época, más que de otra categoría. Altos, fuertes, casi guapos, bien colocados, con un 10 de otra época, intentando jugar al fútbol, sin perder el tiempo, sin tirarse al suelo por un roce, sin tonterías: la belleza en el horror, de pronto. El Villanovense.

Pero al Murcia de Paco García no se le dan mal los guapos y enseñó su mejor cara en la primera parte, con David Sánchez aportando ya mucho de eso que necesita el equipo y un Wilson Cuero tan colosal que cuenta con el apoyo de la grada a pesar de estar cada vez más lejos de marcar un gol. Tras el descanso, en cambio, y sobre todo con superioridad numérica (pero sin Armando), el Murcia fue menos y mostró que falta algo, y no sólo delanteros con gol, para pelear por el ascenso con más argumentos. El Villanovense aguantó y terminó más entero, con la cabeza alta toda la tarde. Pero al final apareció la suerte, esa palabra que cuando se aplica al Murcia deja de ser palabra y se convierte en arma arrojadiza, en hostia para atizar al Murcia. Es una tradición cultural de la zona, que pasa con casi todos los conceptos. Si Diego Rivas hubiera fallado en un balón colgado por el Villanovense en el descuento jamás hubiéramos oído ni leído la palabra suerte: se hablaría de error del portero del Murcia, de que somos muy malos, de que el Villanovense (Villanovense como arma arrojadiza, ojo, no como equipo de fútbol) nos había encerrado. La palabra suerte estaría prohibida en ese escenario. Pero no falló Rivas, sino el portero extremeño, y mientras el Murcia sumaba tres puntos vitales ya se había activado el protocolo de la suerte, la búsqueda de excusas para la victoria, en esta extraña tierra tan acostumbrada a ver la muerte en la vida y el horror en la belleza.

Real Murcia: Diego Rivas, Pumar, Fran Morante, Golobart, Paris Adot; David Sánchez, Armando (Germán, 71'), Rubén Ramos (Diego Benito, 61'), Roberto Alarcón, Isi (Javi Saura, 78') y Wilson Cuero.
Goles: 0-1 (Carlos, 8'), 1-1 (Isi, 12'), 2-1 (David Sánchez, 90').

Parar el tiempo


Alejandro Oliva [@betandtuit]

Mérida, 0; Real Murcia, 0
Empatar a cero es parar el tiempo, y tal vez por eso cada vez nos gusta más ese resultado. Cero a cero y aquí no ha pasado nada; cero a cero y la vida sigue igual. Empezar el año con un 0-0 puede parecer malo si tu objetivo es ganar partidos, pero es el mejor resultado si no quieres envejecer. Dicen que con el paso de los años el tiempo se acelera y todo pasa más rápido, o esa es la maldita sensación. De niño, incluso de joven, te sientes inmortal. No te importa que el tiempo vuele porque todo lo que venga parece que será mejor. Celebras la Nochevieja y el nuevo año ilusionado y tienes ganas de comerte el mundo, de que todo se remueva, de que las cosas pasen rápido, incluso los días. Después llega una etapa más confusa en la que firmas el empate con el mundo antes de que el mundo termine por comerte. No te importaría que todo se parara, y quizá por eso no cambias de corte de pelo y tomas el café siempre en el mismo bar. Ante la maldita sensación de que el tiempo vuela, mejor que al menos tu mundo permanezca estable, y sentir algo así como que puedes engañarlo. Que puedes aliviar esa impresión de que la vida se nos escapa entre los dedos.

Empatar fuera de casa contra este Mérida de Eloy Jiménez es un resultado soberbio y que nos deja como estábamos, que no es tan mal lugar a principios de enero. Lo único seguro hoy es que hace justo un año no sirvió de nada estar mucho mejor a estas alturas de la temporada. Cero a cero y aquí no ha pasado nada; cero a cero y la vida sigue igual. Tan lejos y tan cerca del playoff como antes de Navidad. Tan fuertes, o tan débiles. Con ese pausado crecimiento como equipo (Morante-Golobart, Armando-Benito) que nos ha llevado a ser sólidos también fuera de casa y que, impulsados por el nuevo proyecto de club y algún refuerzo, nos debe dar cierta tranquilidad para afrontar la segunda vuelta. Siempre olvidamos que las temporadas son larguísimas, aunque pasen tan rápido. Moro Martín y su gente nos han inyectado en las venas ilusión y vida contra la agonía. Nos han proporcionado, precisamente, el derecho a poder celebrar un 0-0 en Mérida. El derecho a sentirnos eternos a pesar de que el tiempo vuele, los años pasen y la vida se nos escape entre los dedos.

Real Murcia: Diego Rivas; José Ruiz, Pumar, Golobart, Morante, Armando, Titi (Roberto, 65'), Adrián Cruz, Wilson Cuero, Diego Benito (Rubén Ramos, 78’)) e Isi (Saura, 89’).
Goles: no les hubo.